Los antiguos entierros de El Caño han perdurado el paso del tiempo y se destacan hoy como piezas históricas capaces de reconstruir las crónicas de los coclé, antiguos habitantes del valle de Río Grande istmeño. Para la Fundación El Caño, encabezada por la arqueóloga Julia Mayo, se trata de una sociedad sofisticada y de orden jerarquizado, cuyas tradiciones funerarias podrían desvelar nuevos patrones sobre sus jefaturas y modelos sociales.
La necrópolis de El Caño es un yacimiento vivo.
Se trata de un camposanto que a pesar del tiempo permanece absorto y a la espera de poder contar la historia de sus antiguos beneficiarios, los coclé.
En su haber como arqueóloga, Julia Mayo había logrado trazar parte de la identidad de los coclé, cuyas principales piezas de oro y cerámica, encontradas durante las primeras excavaciones en 2009 les mereció el apelativo de “guerreros de oro de Panamá”.
Una sociedad sofisticada, marcial, jerarquizada, cosmogónica y de gran sensibilidad artística, son algunas de las cualidades atribuidas a este grupo, que sobrevivió hasta principios del siglo XVII, según los investigadores.
En su libro, Guerreros de oro. Los señores de Río Grande en Panamá, Mayo y los científicos que conforman la Fundación El Caño, aseguran que la necrópolis de El Caño fue construida alrededor del año 450 d.C. y abandonada en el 1000 d.C., fecha que para Mayo coincide con dificultades vistas en otras culturas del continente y que obedece a periodos de sequía o un posible fenómeno de “El Niño”.
En 2015, más de mil piezas de cerámica y centenares más de oro, piedra y resina se contabilizaron en su repositorio de datos (disponible en Fundacionelcano.org), con el afán de crear un perfil más preciso sobre estos antiguos habitantes del istmo.
Ese mismo año, durante la excavación de un entierro, colocado en el interior de una gran fosa, se encontró una séptima tumba, identificada por el equipo de arqueólogos como “T7”, cuyo interior contenía un total de 43 individuos en posición primaria y cuyas figuras principales son un adulto y un niño.
Este hallazgo, cuyos detalles serán publicados durante los próximos meses en la Revista de Arqueología Iberoamericana, aporta nueva evidencia que en el futuro ayudaría a completar las memorias de esta civilización antigua.








