Desde que comienzan a salir los primeros rayos del sol, en el Mercado Agrícola Central, conocido como mercado de abastos, situado en Curundú, corregimiento de Ancón, se observa el movimiento de productores y consumidores que convergen en el lugar para vender o comprar legumbres y vegetales.
En este mercado hay 800 arrendatarios, quienes a diario tienen una batalla contra reloj, ya que deben vender sus productos –en su mayoría provenientes de las tierras altas de Chiriquí– antes de que se les marchiten por la falta de un lugar apropiado para conservarlos.
Las personas comienzan a llegar al mercado desde las 4:00 a.m., en busca de vegetales, legumbres, frutas y otros productos.
Mientras se camina de aquí para allá en búsqueda del producto deseado, es visible la falta de instalaciones adecuadas. Hay comerciantes que tienen que vender en medio de aguas estancadas o sin un puesto donde colocar los productos.
Esta situación se registra, a pesar de que el 75% de la producción que se maneja en el país llega al mercado de abastos, según datos de la Asociación de Productores y Comerciantes Agrícolas.
De hecho, el mercado no abastece solo a los dueños de tiendas y abarroterías, sino también a los hoteles, franquicias, restaurantes, entre otros.
Los usuarios de este mercado aguardan que llegue julio de 2017 para trasladarse, como prometió el Gobierno Nacional, a la Unidad Alimentaria Merca Panamá, el principal eslabón de la Cadena de Frío, para continuar con su afanada tarea de proveer alimentos a la población en la ciudad capital.



