Subvencionar las energías fósiles es una “locura”, lanzó el enviado climático estadounidense John Kerry ayer en la COP26, que buscaba un acuerdo in extremis pidiendo a los países reducir su dependencia de carbón e hidrocarburos y más ayuda para las naciones desfavorecidas.
“En los últimos cinco o seis años”, se gastaron en Estados Unidos “billones de dólares en subsidiar los combustibles fósiles”, denunció Kerry ante la plenaria de la conferencia sobre el cambio climático.
“Eso es la definición de la locura”, afirmó el diplomático, cuyo país volvió a la negociación este año.
“Esos subsidios tienen que desaparecer”, añadió cuando la cita se acercaba a su fin, aún sin un acuerdo a la vista.
Además de subsidiar a las compañías petroleras, el gobierno federal estadounidense impone luego un impuesto a los consumidores. En 2016, recaudó más de $36 mil millones, según el Departamento de Transporte.
Buscando un terreno común, un segundo borrador de resolución, publicado por la mañana, pidió a los países “la supresión progresiva de la energía producida con carbón sin mitigación y de las ineficaces subvenciones a los combustibles fósiles”.
Las centrales eléctricas a base de carbón “sin mitigación” son aquellas que no utilizan tecnología de captura de CO2 para compensar parte de los gases que emiten a la atmósfera.
Se trata de una mención sin precedentes a estos combustibles, grandes responsables de las emisiones que causan el calentamiento del planeta.
Sin embargo, su formulación es más suave que la del primer borrador, que pedía simplemente “acelerar el abandono del carbón y la financiación de los combustibles fósiles”.
Vanessa Pérez-Cirera, responsable de la oenegé ecologista WWF, lamentó que “el borrador revisado haya retrocedido en áreas claves”. “Ante la emergencia climática, habíamos considerado el texto anterior como el umbral absoluto y esperábamos que este fuera más fuerte y concreto”, subrayó.
Se congratuló, sin embargo, de que “el aumento a corto plazo de los compromisos climáticos para 2022 siga figurando en el texto, aunque todavía sea insuficiente para el objetivo de +1.5 ºC”.
Según un mecanismo establecido en 2015, los países deben revisar sus objetivos cada cinco años, la próxima vez en 2025.
Pero, desde su llegada a Glasgow, las naciones más vulnerables insistieron en que las revisiones se hagan anualmente.
El primer borrador de resolución, publicado el miércoles, llamó a los países a “revisar y fortalecer” sus planes de descarbonización para 2022.
Sin embargo, Pérez-Cirera consideró que “esto debe ir acompañado de una acción a corto plazo”.
La ONU advirtió que a pesar de todo lo acordado, el planeta sigue encaminado a un “catastrófico” calentamiento de +2.7 ºC y que se debe hacer más.


