COVID-19

Salud mental: la otra pandemia riesgosa e invisible

Salud mental: la otra pandemia riesgosa   e  invisible
Para la Organización Mundial de la Salud, de no tomarse en serio el bienestar emocional de las personas, los costos sociales y económicos para la sociedad serán prolongados.Archivo

La pandemia causada por la Covid-19 está poniendo de manifiesto la necesidad de aumentar “urgentemente” la inversión en servicios de salud mental si el mundo no se quiere arriesgar a que se produzca un aumento drástico de las enfermedades psíquicas.

Tal sugerencia provino de un informe elaborado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) titulado Covid-19 y la necesidad de acción en salud mental, un documento del cual se hizo eco la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De hecho, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, fue más específico: los efectos de la pandemia en la salud mental están siendo sumamente preocupantes. El aislamiento social, el miedo al contagio y el fallecimiento de familiares se ven agravados por la angustia que causa la pérdida de ingresos, y a menudo, también de empleos”.

La salud mental en números y datos

Cerca de 800 mil personas se suicidan cada año. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) por cada suicidio, hay muchas más tentativas de suicidio cada año. Entre la población en general, un intento de suicidio no consumado es el factor individual de riesgo más importante. El suicidio es la tercera causa de muerte para los jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años. Finalmente, la OMS plantea que el 79% de todos los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medianos.

Efectos en otros países

El informe de ONU toma en cuenta estudios realizados en varios países sobre salud mental en la pandemia.

Por ejemplo, plantea que hay algunos grupos poblacionales que pueden ser más proclives a sufrir malestar psicológico generado en el contexto de la Covid-19, como los profesionales sanitarios de primera línea, que se enfrentan a una sobrecarga de trabajo, al riesgo de contagio y a la necesidad de tomar decisiones de vida o muerte sobre los pacientes.

En China se han notificado tasas elevadas de depresión (50%), ansiedad (45%) e insomnio (34%) en el personal sanitario, mientras que en el Canadá, el 47% de los profesionales de la salud han referido que necesitan apoyo psicológico.

En Italia y en España, los padres explican que sus hijos tienen dificultades para concentrarse y sufren irritabilidad y nerviosismo.

Además, el aislamiento en el hogar ha aumentado el riesgo de que los niños presencien o sufran actos de violencia y maltrato. Algunos de los niños más vulnerables en la situación actual son los que presentan discapacidades, los que viven en condiciones de hacinamiento y los que trabajan en la calle.

En un estudio hecho en el Reino Unido que incluyó a jóvenes que han necesitado ser atendidos por servicios de salud mental en el pasado, el 32% de la muestra coincidió en que la pandemia había empeorado mucho su salud mental.

Para el director de la OMS resulta “muy evidente” que uno de los principales objetivos de la respuesta y la recuperación de la pandemia de Covid-19 es “satisfacer” las necesidades de salud mental. “Se trata de una responsabilidad colectiva que deben asumir los gobiernos y la sociedad civil, con el apoyo de todo el sistema de las Naciones Unidas. Si no nos tomamos en serio el bienestar emocional, los costos sociales y económicos para la sociedad serán prolongados”, concluyó.

La realidad panameña

Según la psiquiatra de niños, adolescentes y adultos, Susana De León, después de aplanar la curva de casos del coronavirus y resolver el tema económico, en el país habrá que prestar mucha atención a la “curva” de la salud mental.

En palabras de De León el desempleo, la ansiedad, las pérdidas que van desde no acudir a la escuela o la pérdida de un familiar, así como el confinamiento prolongado afectan la salud mental.

“En Panamá vamos a ver un alza en dificultades de salud mental por un lado. Por el otro están las personas que ya sufrían de enfermedades mentales y que al estar confinados se dispara”, aportó.

Según la psiquiatra, el estallido final de muchas enfermedades mentales es el suicido debido a que el sufrimiento emocional, la tensión o el uso de sustancias como drogas ilícitas o el alcohol hacen que el individuo vea acabar con su vida como una opción para salir de todos sus problemas.

“Por eso hay que tener una línea clara de cómo vamos a ayudar a estas personas en crisis y a su vez trabajar en la prevención. Hay que tener muy claro el protocolo para pacientes en crisis suicidas o de violencia”, explicó.

En el caso de Panamá hay algunos indicadores que muestran que la población necesita de atención en salud mental. Ahora mismo especialistas en la materia brindan atención por ansiedad, insomnio, tristeza e irritabilidad emocional a un promedio de 120 personas por día, a través de la línea telefónica 169.

En el Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio de Salud (Minsa) se comenzó a atender llamadas desde el pasado 6 de abril y de acuerdo a los reportes la población muestra cierto grado de desesperación y cada llamada telefónica toma 15 minutos en promedio.

El equipo está conformado por profesionales con experiencia en atención psicológica y psiquiátrica, quienes brindan orientación a aquellos que manifiestan sentir miedo, ansiedad, angustia, nerviosismo, mal humor, insomnio, entre otros síntomas. El horario de atención es de 7:00 a.m. a 10:00 p.m.

Para algunos unas vez superado el coronavirus la próxima pandemia tendría que ver con la salud mental, no obstante, De León considera que no es algo nuevo porque hace algunos años atrás se hablaba de 800 mil defunciones por suicidios anualmente en todo el mundo.

“No se le dio la importancia que requería, pero yo pienso que tenemos una crisis de salud mental a nivel global desde hace mucho tiempo. Que eso se dispare ahora es muy probable”, puntualizó la especialista.

Prevención y respuesta

Por su parte, Vali Maduro psicóloga especialista en la evaluación y tratamiento de la conducta suicida y parte de la Fundación Relaciones Sanas, recomendó la implementación de un protocolo de atención en salud mental ante esta pandemia para atender a la población que puede verse afectada.

“Si bien hay una guía sobre cómo responder a una urgencia de riesgo suicida creada en el año 2019, en estos momentos de Covid-19 se ha hecho más difícil su ejecución”, añadió la psicóloga.

De acuerdo con Maduro, ahora mismo hay dos temas pendientes para atender a esta población: que exista una mejor comunicación entre los profesionales de la salud mental y las entidades públicas, así como una ambulancia que atienda específicamente estas emergencias.

A su vez, coincidió con la ONU en que urge más presupuesto para atender este tema, ya que en Panamá solo se destina el 1% del presupuesto de Salud en la salud mental.

En tanto, la coordinadora de salud mental del Centro de Operaciones de Emergencia, Minsa, Delia De Ycaza, subrayó que tienen planes de respuesta de la salud mental a la emergencia de Covid-19 y guías para atención a través de llamadas, para tratar a la población que usa la línea telefónica 169 y la plataforma Rosa.

Sobre el protocolo para atender a la población con riesgo de suicidio, De Ycaza estimó que cada tres días ocurre un suicidio en el país y ahora mismo no cuentan con estadísticas para determinar si hubo un incremento o no de casos. “Seguramente debemos ir preparándonos considerando un posible aumento en casos de suicidio”, concluyó.

De hecho, en la última semana se reportó el suicidio de dos hombres en la capital.

Una de las conclusiones más contundentes en este tema la emitió Dévora Kestel, directora del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS, al plantear que la ampliación y la reorganización de los servicios de salud mental, tan necesarias en todo el mundo, abren la oportunidad de reconstruir los sistemas de salud mental con visión de futuro.

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