Tal Cual

PISTA. Surgen muchas teorías sobre lo que realmente sucedió con el caso de la vacunación clandestinas y cómo fue que llegaron las supuestas dosis Pfizer a manos del vacunador. Un tip para las autoridades del Ministerio Público: el automóvil en el que llegó el misterioso hombre al edificio en Coco del Mar, un Kia Sportage de color blanco con placa CX7891, es arrendado en una de las agencias a las que la Presidencia les alquila automóviles. ¿Coincidencia?

YO NO FUI... Ahora resulta que el “morbo” que generan las redes sociales es el causante de todos los males del país, según la “ministra” consejera Eyra Ruiz. “Ya basta esas redes sociales haciendo daño”, exclamó ayer Ruiz. Solo le falta decir que los escándalos del Gordito, la Senniaf, la Fragata, el Jimmy’s, el festival de música árabe, las vacunas VIP en la Asamblea y las compras con sobreprecios, entre otras calamidades, son parte de una maldición gitana. Por cierto, si está tan bien dotada y le encanta figurar, que aclare de una vez si lo que aplicaban en Coco del Mar Suites eran vacunas de Pfizer, pero robadas o importadas de contrabando, o si tan solo eran dosis falsas o “agua mezclada con azúcar”. Ya han pasado tres días. Alguien debería dar ya una buena explicación.

HARTAZGO. El otro que está cansado de comentarios en su contra en las redes sociales es Gaby Carrizo. Dice que lleva largos meses soportando “con estoicismo un sinfín de infundios, oprobios y calumnias…”, y advierte que se reserva “el derecho de proceder legalmente contra quienes puedan resultar autores materiales o promotores de estas infamias”. Parece que las autoridades acumulan mucho trabajo porque es que no hay nadie que hable bien del señorito, salvo su gente de su call center.

HARTAZGO 2. Pero, ciertamente, está en su derecho, aunque ello no impedirá que muchos lo consideren el “usual suspect”. Pero quizás deba empezar a limpiar su nombre de todo lo que lo acusa el otro “usual suspect”, que hasta lo ha bautizado con un apodo nada bonito, por lo que uno tiende a sospechar que al quejoso lo tiene bien pilla’o.

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