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BABOSADA 1. “Todo tiene su final, nada dura para siempre...”, advierte la famosa canción del inmortal Héctor Lavoe. Y aunque miles de panameños lo han escuchado alguna vez, quizás su letra pasó desapercibida para Ricardo Martinelli, a quien ayer no le quedó mas remedio que acudir a regañadientes a la “babosada política” en su contra. La puesta en escena incluyó el uso de una andadera y la compañía de una enfermera. El incapacitado repitió que el caso está nulo (por prescripción, por falta de imputación, por doble juzgamiento…), argumentos todos rechazados por los tribunales. Sus alegatos no dejan de ser hilarantes. Como decía Lavoe, “me dicen que yo estoy loco, pero se están cayendo de un coco”…

BABOSADA 2. Martinelli acudió acompañado de la bancada mayoritaria de CD. El paseíllo del estacionamiento a la sala de audiencia lo hizo escoltado por Yanibel Ábrego. Esa acción no fue deliberada: él mismo la llamó por teléfono, para asegurarse de que estuviera allí esperándole. Después dijo que esa era su candidata para 2024. No ha quedado claro todavía a qué tipo de candidatura se refiere. Esto es incomprensible: se queja de que el juicio está politizado, pero luego insiste en aparecer con los diputados, como si fueran sus manzanillos.

EXABRUPTO. Ábrego aprovechó la ocasión y, en la antesala del juicio a Martinelli, anunció que la bancada de CD apoyará el anteproyecto de ley que presentó Raúl Pineda para eliminar las penas accesorias de las condenas por delitos comunes. Olvidó decir que los diputados (como ella y Pineda) no tienen iniciativa legislativa para modificar el Código Penal. Cuesta creer que una expresidenta de la Asamblea no sepa esto. La ciudadanía debe estar muy atenta, porque algo traman.

CON ESCOPETA. Alegando que son los “responsables y fiscalizadores de las actividades gubernamentales”, por estos días el diputado por el CD, Arnulfo Díaz, visiblemente molesto reclamó que intentó reunirse con el ministro de Obras Públicas, Rafael Sabonge, y que no le permitieron la entrada a la entidad por no tener cita. Muy extraño que se le haya rebotado, especialmente cuando, como dijo, había representantes de corregimiento esperando para entrar. Raro, raro… porque caimán no come caimán.

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