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Verificar la información: un antídoto contra antivacunas

Investigadores panameños explican cómo evaluar un artículo científico, las características y argumentos de los antivacunas, así como recomendaciones para frenar la desinformación.

Verificar la información: un antídoto contra antivacunas
El movimiento antivacunas es una de las 10 principales amenzas contra la salud pública, según la OMS. AFP

La vacunación contra la enfermedad Covid-19 trajo consigo la activación de un grupo de la sociedad denominado antivacunas. Aunque ha existido siempre, durante estos meses su rol ha sido más notorio.

La información compartida va desde que las personas vacunadas morirán en dos años, hasta que los efectos secundarios fatales con la vacuna Covid-19 es aproximadamente 10 veces mayor que la tasa de muerte por la infección.

Los investigadores panameños sostienen que la mayoría de las creencias de este grupo antivacunas se basa en testimonios anecdóticos no verificables y teorías conspiradoras.

Los criterios para evaluar un estudio científico

Paulino Vigil De Gracia, investigador distinguido del Sistema Nacional de Investigación de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, explicó que son múltiples los criterios que debe tener una persona para evaluar un artículo científico antes de compartir, ya que no es lo mismo una serie de casos (de muy baja evidencia), que un estudio controlado aleatorio (de alta evidencia).

Otros aspectos que deben tomarse en cuenta es cuándo fue publicado, porque si es muy antiguo sus datos ya no están actualizados; en qué revista fue publicado o si fue publicado en una revista indexada y su impacto.

Vigil De Gracia detalló que hay muchas revistas depredadoras, algunas falsas y otras que solo publican bajo el concepto de pago. Si se trata de una de éstas, el contenido, de seguro, estará alejado de la verdad.

Verificar la información: un antídoto contra antivacunas
Antivacunas.

También hay que saber si el artículo es un preprint –que no ha sido revisado por expertos–; revisar si los resultados muestran comparaciones; analizar muy bien los resultados; y ver si existen diferencias estadísticamente significativas.

El investigador planteó que los grupos antivacunas aprovechan las crisis de salud (epidemias o pandemias) para llamar la atención; sin embargo, aclaró que también hay desconocedores de la evidencia que defienden una condición basados en publicaciones de bajo nivel de evidencia, en lo que dice un especialista o en presión de grupo, y quienes usualmente desconocen lectura crítica de la literatura médica.

Los antivacunas piensan que todo es blanco o negro y la ciencia no es así. Una vacuna puede ser efectiva, incluso muy efectiva, y tener un raro efecto secundario. Esto en ciencia es normal, pero para el antivacuna ya esa vacuna no sirve, especificó Vigil De Gracia.

Citó como ejemplo que la vacuna de AstraZeneca/Universidad de Oxford, que posee una efectividad cercana al 80%, también tiene el riesgo de una trombosis por cada 80 mil vacunados. Este rarísimo efecto secundario es usado masivamente por los antivacunas y posiblemente llega esa información y no el efecto positivo a mucha gente, dijo.

Los antivacunas aparecieron cuando Edward Jenner (finales del siglo XVIII) realizó la primera inmunización de la historia contra el virus de la viruela. En ese momento aparecieron voces oponiéndose a ellas por desinformación y miedo.

Estos grupos se hicieron más fuertes a partir de un artículo del médico Andrew. Wakefield, difundido por la revista científica The Lancet, sobre 12 niños vacunados contra el sarampión que desarrollaron comportamientos autistas e inflamación intestinal grave. El autor proponía como posible causa la vacuna que se había utilizado, por lo que muchos padres sintieron miedo y dejaron de vacunar a sus hijos. En 2004, el Instituto de la Medicina de Estados Unidos concluyó que no había pruebas científicas para la hipótesis que había propuesto Wakefield y The Lancet rechazó el trabajo.

Características

Vigil De Gracia sostuvo que los antivacunas se pueden identificar porque responden con preguntas, denigran organizaciones médicas y científicos, utilizan artículos publicados en revistas indexadas o depredadores, o artículos retirados o retractados. También tienen páginas web (que los hacen ver como serios) y una red que disemina muy rápido sus informaciones manipuladas.

Además, repiten constantemente lo mismo, como por ejemplo que las vacunas matan, que son experimentos, que no se ha probado en tal o x condición, que producen complicaciones severas y de gran impacto en la salud a través del tiempo. Todo es falso, sostuvo.

Xavier Saéz-Llorens, infectólogo, pediatra y asesor del Consorcio de Investigación de Vacunas Covid-19, subrayó que para frenar la desinformación se requiere educación, participación de la comunidad científica y expertos en vacunas en redes sociales y vocerías mediáticas; el compromiso de los medios de comunicación con la verificación y divulgación de información fiable; y la censura de plataformas digitales que emitan bulos y noticias falsas.

También se requiere una mayor transparencia de los datos de salud pública ligados a la vacunación; difundir estadísticas del impacto de la vacunación en tiempo real y de la región donde uno vive; y desenmascarar las mentiras con evidencias documentadas, acotó.

Saéz-Llorens recomendó a la población buscar fuentes científicas fiables internacionales y nacionales; verificar con expertos información antes de compartirla en redes; y calibrar las credenciales de los voceros (su grado académico, destreza en investigación y en medicina basada en evidencia, cantidad e impacto de publicaciones en el tema).

Detalló que los grupos antivacunas están organizados, usan gente preparada para asegurar buena articulación de su mensaje, están subsidiados por organizaciones carentes de prestigio académico y muchas veces apoyados por firmas de abogados y dirigentes políticos que buscan indemnizaciones de toda índole.

Remarcó que se concentran en desprestigiar la seguridad y beneficio de las vacunas y arremeten contra las empresas farmacéuticas que producen dichas vacunas. Estos individuos no necesariamente se oponen a otros avances científicos y consensos de expertos en otros campos médicos, dijo.

Este medio ha recibido correos en los que las personas argumentan que los efectos secundarios de las vacunas de Pfizer/BioNTech y AstraZeneca/Universidad de Oxford son espantosos, y que en la base de datos de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) hay más de 10 mil personas muertas debido a la vacuna de ARN mensajero.

Además, que los números de notificaciones de reacciones adversas de febrero a marzo se han quintuplicado.

Uno de los lectores sostiene que la vacuna de ARN mensajero es desaconsejada, porque es experimental. Afirma que es una bomba de tiempo, ya que después de ocho meses puede provocar insuficiencia orgánica y una tormenta de citocinas, es decir, la muerte

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene desde el año 2019 al movimiento antivacunas en la lista de las 10 mayores amenazas a la salud. En esta lista también ha colocado el dengue, el cáncer, entre otras problemáticas.


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