[APOYO A DONALD TRUMP]

¡Llegaron los rusos!

La evidencia de que los rusos intervinieron en la elección presidencial estadounidense del año pasado es irrefutable. Lo dicen los directivos de todas las agencias de seguridad nacional.

¡Llegaron los rusos!
¡Llegaron los rusos!

¿Hasta qué punto los ataques cibernéticos, las campañas de desinformación y las noticias falsas diseminadas por los rusos determinaron la derrota de Hillary Clinton?

La evidencia de que Rusia intervino en la elección presidencial estadounidense es irrefutable. Lo dicen los directivos de todas las agencias de seguridad nacional: el director de Inteligencia Nacional James Clapper Jr., el jefe de la Agencia de Seguridad Nacional, Michael Rogers, el subsecretario de Defensa para Inteligencia, Marcel Lettre, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) John Brennan y el director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) James B. Comey.

El ataque ruso fue masivo. Hackearon las computadoras del Comité Demócrata Nacional para publicar comunicaciones privadas de la cúpula del partido; diseminaron propaganda contra la candidata demócrata Hillary Clinton; lanzaron campañas de desinformación e inventaron y sembraron noticias falsas en medios sociales de dudoso prestigio.

También es evidente que la ofensiva rusa tenía como objetivos facilitar el triunfo de Donald Trump, ensuciar la campaña de Hilary Clinton, difamar la reputación de la candidata Demócrata para impedir su victoria, y socavar el sistema democrático del país. Así las cosas, suponer que una empresa de este calado se podría realizar sin la aprobación del presidente de Rusia y ex espía Vladimir Putin más que ingenuo sería estúpido.

En el plano moral, sin embargo, Estados Unidos difícilmente podría hacerle a Putin un reclamo fundado sin violentar su propio historial. Según el profesor Dov Levin de la prestigiada universidad Carnegie Mellon en Pittsburg, Pennsylvania, Estados Unidos (EU) es el país que más veces ha intervenido en las elecciones de otros países. Sus investigaciones revelan que entre 1946 y 2000 EU intervino en más de 80 elecciones, y esta cuenta no incluye casos en los que la intervención incluyó ayuda para dar un golpe de Estado como por ejemplo Irán en 1953 o Guatemala en 1954. El historial de los rusos suma unas 36 intervenciones, dice Levin, pero EU y Rusia no son los únicos expertos en la práctica. China y la Venezuela de la época de Hugo Chávez también la han utilizado.

En este sentido, los ciberataques rusos más que una serie de actos insólitos y únicos evidencian una evolución natural de las servicios de espionaje valiéndose de los adelantos tecnológicos de punta disponibles en este momento. La explicación de la rutina de ninguna manera disminuye la gravedad de lo sucedido, por el contrario, enfatiza la gran amenaza que se cierne sobre el gobierno, las fuerzas armadas, la industria y el comercio porque muestra la capacidad que tienen los rusos de hackear cualquier sistema computarizado. Por ello, es urgente reforzar las medidas de seguridad cibernética al tiempo que se articula una respuesta política rápida y contundente, mucho más fuerte que la ya impuesta por el presidente Barack Obama.

Otro asunto que queda al descubierto con el informe de seguridad es la precariedad del triunfo electoral de Donald Trump. Para los encargados de la seguridad nacional no cabe duda de que los ataques cibernéticos rusos ayudaron al candidato republicano a llegar a la Casa Blanca.

¿Hasta qué punto fueron decisivos? Yo no creo que la derrota de Clinton en el Colegio Electoral se explique por un solo factor. Recordemos que pese a todo, en el voto popular ella obtuvo casi tres millones de votos más que su oponente.

Que los ataques tuvieron un impacto muy negativo en su campaña es evidente. Cada vez que levantaba la cabeza recibía un nuevo golpe no solo de los rusos sino de Julián Assange, el despreciable violador y pirata cibernético que se quiere hacer pasar por periodista desde su guarida ecuatoriana en Londres.

La irresponsable carta del director del FBI al Congreso a poco menos de una semana de la elección anunciando el descubrimiento de unos correos en la computadora de una asistente de Clinton, que según Comey podrían ser o no ser significativos en el caso del uso de un servidor privado cuando era Secretaria de Estado, sin duda causaron un tremendo daño a la imagen de Clinton.

Para mí, sin embargo, Clinton podría haber sobrevivido a la andanada rusa, de Assange y del FBI si tan solo ella y su equipo hubieran hecho su trabajo en cuatro o cinco estados que tradicionalmente habían apoyado a candidatos del partido demócrata y que finalmente perdió por márgenes minúsculos.


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