Más de un videojuego tiene una factura que es heredera del lenguaje cinematográfico. En cuanto a cómo narra su historia, así como la edición, el ritmo y los encuadres de sus escenas de acción, las que llegan a un realismo inverosímil.
Esta estrecha relación no termina en darle un mejor acabado al videojuego, sino que también esta forma de entretenimiento siempre ha intentado ganar terreno en el séptimo arte.
¿Por qué? Son, por lo menos, seis los motivos que impulsan a tomar esta decisión a industrias como las de Hollywood.
Uno. Son populares. El estadounidense Ron Gilbert, creador de videojuegos como “Putt-Putt” y “Pajama Sam”, lo dijo con estas palabras al periódico español El Mundo: “A la gente le gusta estar entretenida, y los videojuegos son la nueva manera”.
Dos. La consultora especializada Newzoo calcula que unos mil 900 millones de personas se divierten con los videojuegos en la Tierra. Una cantidad de potenciales espectadores que irían al cine a ver su aventura gráfica favorita traducida en imágenes.
Tres. La edad promedio del consumidor está entre los 20 y 35 años, la misma franja de edad que con más frecuencia asiste al cine en Occidente.
Cuatro. De acuerdo con un estudio de la versión electrónica de Escuela de Negocios, el mercado mundial de los videojuegos en 2015 llegó a 18 mil 500 millones de dólares.
Cinco. Son Estados Unidos, Japón y Alemania los países donde más se adquieren videojuegos.
Seis. Entre 2013 y 2015, las ventas globales totales de esta industria cultural superaron a la compra de entradas para ver filmes en Occidente.
Lo contradictorio es que las versiones fílmicas de los videojuegos no son tan exitosas en la taquilla como se podría esperar (ninguna de las 200 producciones más lucrativas de la historia se inspiran en un videojuego), y en términos artísticos, por lo general, dejan mucho que desear.

