Un tango suena en el comedor desangelado de un hospital neuropsiquiátrico de Buenos Aires, que se transforma en una improvisada pista donde pacientes con sus ocasionales parejas de baile se lanzan a ensayar los pasos del 2x4 dispuestos a olvidar por una hora su psicosis.
“Hoy sentí que bailé mejor, estoy más suelto”, confiesa Maximiliano. Es un frecuente participante del taller “Todos estamos locos por el tango”, que se dicta dos veces por mes en el Borda, el mayor hospital público neuropsiquiátrico para hombres de Argentina, ubicado al sur de la capital.
“Las letras de tango me gustan, son nostálgicas, melancólicas”, dice este paciente de 35 años, que al no estar internado sigue estudios de Gestión en Políticas Culturales, y va a sus clases con una docena de internos. Mujeres no faltan porque varias aficionadas a las milongas se suman solidariamente al taller de puertas abiertas.
