TELEVISIóN

Betty o cuando ser feo estuvo de moda

Betty o cuando ser feo estuvo de moda
Betty o cuando ser feo estuvo de moda

Hace 20 años, Beatriz Pinzón Solano se presentó a entrevista de trabajo en Ecomoda. Con un impresionante currículum -sin fotografía-, fue por un puesto de secretaria, pero luego conseguiría poner el mundo a sus pies.

Abordar el éxito de la telenovela colombiana Yo soy Betty la fea (1999 - 2001) se puede hacer desde varios ángulos. Si se habla de datos, esta producción del guionista Fernando Gaitán (Café, con aroma de mujer), logró alcanzar en su país de origen un rating de 54.7 puntos, siendo más alto que, por ejemplo, los números conseguidos por los partidos de Colombia contra Argentina y Brasil por las eliminatorias al Mundial de fútbol 2002.

Se han realizado alrededor de 28 adaptaciones por todo el mundo, como Chou Nu Wu Di (La fea sin rival) de China, cuyo primer capítulo fue visto por 73 millones de personas, un número superior a los habitantes de Colombia.

Betty o cuando ser feo estuvo de moda
Betty o cuando ser feo estuvo de moda

En Panamá, el fenómeno Yo soy Betty la fea se apoderó no solo de los televisores sino de la sociedad. Era imposible no escuchar a alguien riendo con aquella particular forma en que lo hacían personajes como Betty, don Hermes o Nicolás Mora. Las conversaciones giraban en torno a los episodios y dentro del vocabulario local quedaron grabadas frases como: “Yo estudié seis semestres de finanzas en la San Marino”, “Perdóname pero discúlpame” o “¡El diablo es puerco!”.

Pero el amor por la fea superó inclusive las expectativas de las televisoras. Para ese entonces Telemetro tuvo que cambiar el horario en que la transmitía de 7:00 p.m. a 8:00 p.m., debido a las personas que no llegan a tiempo de sus trabajos para poder verla. Además, se decidió transmitir los capítulos por radio para que los que seguían atrapados en las calles congestionadas, estuvieran al día.

Hasta los conductores de “diablo rojo” dejaban a un lado su popular reggae para sintonizar Betty, y le rendían tributo a los personajes de la novela pintándolos en la puerta trasera del autobús.

Betty o cuando ser feo estuvo de moda
Betty o cuando ser feo estuvo de moda

Inclusive, la competencia de Telemetro tuvo que aceptar por entonces su derrota en la pelea por el primetime de las noches, al cambiar el horario de su producción nacional para ponerla, como decían en un comercial, “después de Betty”.

Pero ¿qué hace a Betty una fea tan atractiva? Tal vez su secreto está en que el verdadero antagonista de la historia es la sociedad.

La telenovela eterna

Hacer el ejercicio de volver a ver algunos episodios de esta producción, que tuvo una continuación llamada Ecomoda (2002), es suficiente para ver la vigencia que mantiene.

Sí, algunos detalles de su contexto delatan su antigüedad, sobre todo en el área tecnológica, pero su historia sigue siendo actual. Solo por poner algunos ejemplos: ¿Alguna vez lo han mirado mal por su apariencia? ¿O se ha sentido inseguro por cómo se ve? ¿Ha ‘sufrido’ al tener que ver los recibos mensuales de teléfono o luz?

Betty o cuando ser feo estuvo de moda
Betty o cuando ser feo estuvo de moda

Y es esa realidad caricaturizada que logró plasmar Gaitán -inclusive escribiendo los guiones una noche antes o el mismo día que se graban los episodios, según se cuenta-, sumado a la interpretación de los actores que pulieron personajes memorables, lo que convierte a Yo soy Betty la fea no solo en la telenovela más exitosa de todos los tiempos según el Libro de Récord Guinness, sino también en una historia que carece de barreras como el idioma, contexto cultural, o hasta cierto punto edad, para que el televidente pueda sentirse identificado con ella.

Betty no es la historia de una mujer pobre que se enamora de un hombre rico, es la lucha diaria de millones de personas alrededor del mundo que se enfrentan contra estereotipos sociales, culturales y de belleza.

Ecomoda es un reflejo de casi cualquier lugar de trabajo, donde ser buen amigo de un superior o la apariencia, pesa más que experiencia, dedicación y aporte a la compañía. Es una narración de la creencia que el dinero es el permisivo para humillar o menospreciar a las personas que menos tienen, o, en caso contrario, la necesidad que lleva a muchos a soportar dichos tratos con tal de mantener el empleo.

Tras dos décadas de su estreno, Yo soy Betty la fea se sigue retransmitiendo en distintas televisoras en el mundo e inclusive se adapta a las nuevas eras -desde este mes está disponible en Netflix- y quizás mientras la sociedad siga siendo superficial, el eco de la risa de Betty se seguirá escuchando.

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