A panameños les encanta jugar en contra de sus intereses. Vigoroso hoy el bulo de que la etimología de Arraiján está en la frase inglesa ‘at right hand’, que se calcula nació como un juego cuando los gringos ocuparon las áreas adyacentes al hoy Canal de Panamá.
Con el bulo se cercena la existencia de un cacique, documentado en el periodo temprano del siglo XVIII: Arrayán, quien era dueño y señor de esas tierras al occidente de la vía acuática y que protagoniza, entrado el siglo XXI, una severa explosión demográfica, que está congelando el tráfico diario de vehículos hacia la ciudad construida hace 498 años.
Sobre la hazaña, mis contertulios de #ConsultorioIdiomático, en dos terceras partes, patentan el bulo, y despedazan los sueños del cacique, quien fue denunciado por la iglesia al no poner orden frente a la activa sexualidad de sus coterráneos. Este signo #, con esa función, se denomina ‘etiqueta’, y no ese nombre anglosajón que todos pronuncian.
De Arrayán, aborigen, ese vocablo evolucionó al Arraiján actual, distrito y corregimiento, y su derivado adjetivo gentilicio, arraijaneña/o. La expresó inglesa lo condimentó y ha puesto patidifusos a muchos contemporáneos. Se cumple aquella máxima acuñada por el propagandista nazi, Paul Joseph Goebbels: una mentira mil veces dicha se convierte en verdad.
Si la moda se implanta, cualquier día se atribuye al indígena nombre de país una raíz con alimento casero o prefijo griego. Todo vale en la desacreditación de nuestras raíces. Desprecio esa gentuza que alardea de jugar contra sus propios intereses.
Ese vocablo México, que nombra al gigante hispanohablante, con vecino inquietante, es de origen náhuatl. Esa ‘x’, en antigua lengua española, se pronunció como ‘j’. En la reforma ortográfica de 1815, se eliminó la grafía ‘x’ como representación del fonema ‘j’. Como sucede hoy. Una palabra aborigen con pronunciación hispana, a excepción de esa ‘x’, que marca su origen. Esas dos primeras sílabas corresponden a la denominación ‘mexica’, correspondiente a una cultura, y esa tercera ‘co’, equivale al lugar donde vive Huitzilopochth, deidad principal.
Tilde olvidada. En vocales cerradas: la ‘i’ y la ‘u’. En determinadas conjugaciones, se pierde la tilde. En la pronunciación se crea el hiato, y debe resultar marcado ese acento. Ejemplos: prohíbe, rehúsa, reúsa, reúne, prohíja.
Tratados Torrijos-Carter. Plural. Fueron dos: uno, el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y, dos, Funcionamiento del Canal. El primero, con término indefinido. El segundo expiró el al mediodía del 31 de diciembre de 1999. Su vigencia fue de 23 años. Fueron firmados en Washington, capital estadounidense, el 7 de septiembre de 1977.
‘Cheche colé’. Nombre de un ritmo musical promovido por el boricua Willie Colón. En francés, ‘colé’ significa ‘pegado’; ‘decolé’, ‘despegado’.
Y. Grafía de nuestro alfabeto. Tiene distintas funciones: vocal (buey), consonante (yuca). Conjunción, como categoría gramatical. Su nombre es /ye/, si bien, en forma familiar, se le denomina ‘i griega’. Se distingue de la ‘i’, de origen latino.
La juez/la jueza. Quién entiende. En el léxico, es posible ‘femeneizar’ cargos. Como la jueza y la fiscal. La mayoría se rehúsa a su empleo. Prefiere la juez, la fiscal. En un sondeo entre contertulios de redes sociales el 60% prefiere la opción ‘la juez’ sobre el 10% que opta por ‘la jueza’. El 30% no le importa alternar una u otra.
Magistra. En ese cargo, con título de maestría, existe la opción femenina ‘magistra’. Muchas profesionales prefieren aceptar el título de ‘magíster’. Intermedio entre el de licenciado y de doctor. Se aprovecha poco esa opción femenina, que lo establece la lexicografía.
Devastado (no desvastado). Arrasado. Destruido como islas del Caribe víctimas de los huracanes: Puerto Rico, Dominica, Barbuda.
Bajar las bastas del pantalón o la falda, o reducirlas, allí sí es desbastado/desbastadas.