Se acerca la Navidad, dice mamá, el frío de la mañana, el sol amarillo fuerte... se dibuja y pasa por entre las rendijas de las casas, alumbrando el patio, saliendo por entre las flores, jugueteando con las mariposas y abejas.
¡Sí! Se respira Navidad, en la cocina de mi abuela ya están hirviendo las hayacas, en la panadería de la esquina esa, la del Sr. Román, ya está saliendo el pan especial de Navidad, la mogolla azucarada de pedacitos de fruta cristalizada, bien alineada con mantequilla.
El árbol de Navidad reluciente con regalos... Los vecinos y la familia traen una bandeja con ponche y colaciones.
El pesebre hermoso con la dedicación de quien quiere revivir esa época, cada instante, momento de la llegada del niño Dios. Tradición familiar, que no falte el papel decorado, casas, pastores, ovejas, ganado, gallinas, que no falte la sagrada familia.
Luces para que alumbre ese cuadro viviente de nuestro Redentor, ahora pequeño e indefenso.
Contando los días para la llegada, parecía eterno el 24 de diciembre, pero es hoy y ¡es ya la fiesta!
Bájenme el vestido, ese lindo que hace tiempo me tienen guardado, quiero sonreír a todos, es el día más feliz, ¡hay fiesta!, ¡es la Navidad!
Y aunque hubo navidades sin tantos regalos, al pasar los años quizás ya crecimos o está apretada la situación.
¡Que no falte la comida! ¡Que no falte el pesebre! ¡Que no falte tu amor!
No importa que no estrene ropa, no importa el regalo.
Al pasar los años y madurar, descubrimos que Navidad es un abrazo, una compañía, una hoguera de amor.
Así que hoy día preparo la comida más sabrosa, comparto mi sonrisa más bella y deseo un caluroso ¡feliz Navidad! a todos los lectores y para todos ha nacido el Redentor.
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