De camino a la COP21, en la periferia de París, es fácil encontrarse vallas publicitarias con Alicia en el País de las Maravillas respirando con una máscara de gas, o con las víctimas de una inundación bajo el irónico lema: “Vive la experiencia del clima”.
Son parte de una intervención urbana del movimiento de guerrilla ecologista Brandalsim, que ha usurpado 600 paneles publicitarios de la capital francesa para disfrazarlos con eslóganes impactantes en torno a la cumbre del clima de París, un evento planetario donde todos se esfuerzan por hacer llegar sus mensajes de amor y paz verde.
Dentro de la cumbre, símbolos nacionales arropan las buenas intenciones del líder político de turno y oenegés multinacionales buscan presionar a favor de un acuerdo universal que garantice la preservación del planeta.
La COP21 es un evento internacional y colorido, algo así como la exposición universal del planeta Tierra, con pabellones nacionales, centros de prensa, restaurantes y medidas de seguridad inéditas, regalos y disfraces.
La mayoría de las 45 mil personas que participan de una manera o de otra en la cumbre tienen que someterse a un estricto control de seguridad a la entrada, similar al de los aeropuertos.
Por las avenidas del espacio habilitado para la conferencia, un antiguo aeropuerto sembrado de naves prefabricadas y carpas blancas, las escenas coloridas son legión, y los selfies casi una religión.
“Venimos a distribuir estos chocolates para dar energía a los negociadores. Es importante para nuestro futuro, para el de nuestros hijos y para la juventud”, explica Lisa Schulze, activista de la fundación Planta un árbol por el planeta.
Otros vienen de Mali para apoyar a las mujeres sin ingresos.

