La cocina fusión con acento exótico sigue ampliando sus opciones en París: Uruguay acaba de aportar un primer restaurante a la capital mundial de la gastronomía.
Inicialmente rezagada detrás de sus hermanas mayores de América Latina, la cocina uruguaya está dando que hablar, como lo demuestra el éxito del restaurante “Estela”, del uruguayo Ignacio Mattos, calificado como el tercero mejor de Nueva York por la lista gastronómica británica Best Restaurant.
El mes pasado, París se sumó al movimiento con la inauguración del “Comptoir Montevideo”, en pleno Les Halles, el barrio del mercado central de la capital desmantelado en 1971 para convertirlo en centro comercial, que acaba de ser renovado.
A finales del siglo XIX, el escritor Emile Zola describía la zona como “el vientre de París” y por eso no sorprende que este pequeño restaurante de carnes se haya instalado cerca de donde antes había triperías y carnicerías.
Su carta incluye por supuesto carnes rojas de todo tipo, asadas o empanadas, pero también aportes de fusión no específicamente uruguayos, como un ceviche de dorado con cítricos o una ensalada de quinoa.
Su dueño, Guillermo Ibarlucea, es un uruguayo de 37 años, vástago de una familia de inmigrantes vascos de larga tradición gastronómica y hotelera en el Fortín de San Miguel y Fortín de Santa Rosa, en el sureste de Uruguay.
En el restaurante familiar que regentaba su tío, al frente de fogones de viejas y enormes cocinas de hierro, aprendió que el oficio culinario era también un arte militar.
