Al ritmo de sones, danzas indígenas y fervor religioso, la pintoresca ciudad de Diriamba se convierte cada año en uno de los escenarios más hedonistas de Nicaragua, con abundante comida, bebida y juegos.
En la fiesta de San Sebastián, santo patrono de Diriamba, pobladores y turistas tienen “licencia para el disfrute sin medida”, dijo el periodista y folclorista Wilmore López. “Aquí hay de todo: creencia religiosa, folclore, abundante comida que regalan los promesantes (quienes pagan promesas al santo), bebidas, juegos mecánicos y corridas de toro”, comentó López.
La fiesta comienza con un oficio religioso y luego la imagen de “Guachán”, como llaman al santo, es llevado en procesión por las calles, seguido de cientos de bailarines de las comedias satíricas nicaragüenses el Guegüense, Toro huaco y el Viejo y la Vieja. Miles de personas de distintos puntos de Nicaragua y el exterior se congregan en esta ciudad suroriental para acompañar a los grupos de baile.
