La multitud congregada en un festival musical buscaba algo más, explorar qué elementos desconocidos habían en la comida chatarra.
Una exhibición satisfacía la curiosidad: vasos con polvos y líquidos usados en lo que claramente pretende lucir como una hamburguesa de McDonald’s. Debajo de ellos hay hojas y especies que Chipotle dice emplear en sus burritos. El público podía jugar en línea una especie de “batalla galáctica contra los ingredientes artificiales”. El festival “Cultivate” de Chipotle refleja una nueva tendencia de la industria alimenticia: la guerra contra las grandes empresas alimenticias. Si bien Chipotle todavía trata de recuperarse del brote de E. coli del año pasado, se había hecho fama de empresa reformista, interesada en ofrecer comida saludable, en una actitud que ha sido imitada por muchas empresas, grandes y pequeñas, que tratan de captar parte de un mercado de 256 mil millones de dólares, lo que gastan anualmente los estadounidenses en comida chatarra. Algunas se ofrecen como compañías reformistas interesadas en mejorar la calidad de sus productos, mientras que no faltan quienes opinan que sus iniciativas no sean más que una campaña publicitaria destinada a justificar el consumo excesivo de alimentos poco saludables.
El mensaje apunta a quienes creen que esas empresas son las responsables de los malos hábitos de la ciudadanía a la hora de comer y busca convertirlos en algo más que simples clientes: en aliados en la batalla por mejorar las costumbres.

