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ENTREVISTA

Contar la paz y la guerra

‘La Negociación’, un retrato íntimo de los acuerdos de paz en Colombia, se proyectará en Panamá. Aquí habla su directora.

Contar la paz y la guerra
Contar la paz y la guerra

Margarita Martínez estuvo allí. Con una cámara le siguió los pasos a los actores del acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno colombiano. 300 horas de grabación, paciencia, dolor, alegría, cansancio, incertidumbre, esperas.

Así nació La Negociación, el documental que narra la historia del proceso que silenció los fusiles en Colombia, cinta que se presentará en La Ciudad del Saber el próximo miércoles 26 de junio a las 5:00 p.m.

Antes de ser documentalista, la directora de La Negociación fue periodista de la agencia Associated Press (AP), en Colombia. Cubría masacres, desplazamientos masivos de campesinos, tomas guerrilleras, secuestros. Después combinó la reportería con su faceta de documentalista. Y surgió La Sierra, documental que narra la vida de tres jóvenes de ese barrio de Medellín, epicentro de la guerra urbana en Colombia.

Aquí habla de eso, y del reto que implicó La Negociación.

Ella es Margarita Martínez, la directora

Margarita Martínez nació en Cartagena , Colombia, pero vive en Bogotá, Colombia. Estudió derecho, pero nunca ejerció. Luego se fue a la Universidad de Columbia en Nueva York a estudiar periodismo y relaciones internacionales. Trabajó un año en la NBC. En 1999 regresó a Colombia y empezó a trabajar como corresponsal de la agencia Associated Press.



¿Cómo llega a los acuerdos de paz?

Precisamente, Sergio Jaramillo [comisionado de paz], había visto La Sierra, y yo lo conozco. Los conocía a casi todos: a los de las FARC y a los del Gobierno. Él me dice: ‘¿por qué no vas a La Habana y haces un registro visual de lo que está pasando?

Le propuso un trabajo: filmar los acuerdos

Sí, yo pensé que estaba curtida en este mundo de cubrir guerras, porque La Sierra es un documental hecho entre las balas. Pero cuando llegué a La Habana era cómo volver a empezar. Nunca en mi vida había visto algo más difícil que eso.

¿Cómo era esa atmósfera?

La mejor descripción está en el primer día de las negociaciones, cuando se ven los dos bandos en un salón de La Habana. (...) Entran las dos partes, se dicen buenos días, y luego está esa tensión que surge cuando grandes enemigos se ven las caras. El general [Jorge] Mora dijo: ‘estamos filmando para dejar un registro de este momento, y con esto se hará lo que las partes digan. Se voltea, mueve las manos. Iván Márquez, [negociador de las FARC] parado, dice: ‘al fin frente a frente’. Que cosa tan extraña. Si uno pasaba un cuchillo por el aire, se cortaba.

¿Quiénes más estaban ahí?

El delegado de la Cancillería cubana, el de Noruega, las dos partes, y la cámara, que era de la Cancillería cubana. Después de mucho tiempo empecé a saber que las FARC tenían material. Todo el mundo tenía material. Yo hice mi trabajo y me fui, pero me dije: ‘no me voy a quedar con esto, llevo casi 20 años cubriendo esta guerra’. Y fui levantando plata para el documental.

¿Qué siguió después?

Nadie me ha tratado tan mal en mi vida, de como me trataron en La Habana. Había tal tensión que hasta la gente más educada me decía: “vete”. “¿Por qué estas acá?”. Me la pasaba todo el tiempo pensando ‘cómo voy a hacer para tener acceso’.

¿Cómo hacía para que le permitieran grabar?

En las negociaciones entre enemigos a muerte nadie quiere dar declaraciones en cámara. Porque lo que parece hoy una gran idea, mañana podría parecer que no. Esas imágenes que son de adentro, siento que se las robé a la realidad, porque era tan difícil. Yo tenía un equipo: sonidistas, una gran cámara, y al final me compré una cámara de bolsillo y entraba sola.

¿Cómo era ese día a día?

Escenas muy cortas. A veces se olvidaban de la cámara y a veces no. “Sal ya”. “Salte”, decían.

Y luego de la reunión los seguía y les pedía entrevistas.

Exactamente. Para las dos entrevistas que le hice al general Mora, demoré un año para conseguir la primera, y otro para la segunda.

De los guerrilleros, ¿quién era el más difícil?

Iván [Márquez]. Era muy difícil. Pero, poco poco fui buscándole el ladino. Cada una de esas entrevistas no es algo normal. Eran meses o años para conseguirla.

¿Cómo se financió el proyecto?

Todo el mundo me ayudó. El International Women’s Media Fund , que es un fondo para mujeres periodistas me dio plata. El Humanity United, que es de la esposa del dueño de EBay, el United States Institute for Peace, Open Society. Pero la plata más linda con la que pude pagar casi todo fue un crowfunding. Lo que decimos acá, una vaca digital. Lo hice en una plataforma que se llama Vaki, que opera en Colombia y Brasil. Abrimos una plataforma y casi toda la financiación nos la dieron.

En octubre de 2016 los colombianos le dijeron no al proceso de paz. ¿Cómo impactó en el documental?

No se sabía qué iba a pasar. Si esto [el acuerdo] se iba a caer y volvíamos a la guerra o no. Ese día del plebiscito estaba en Bogotá esperando al presidente Santos en un hotel, y obviamente nunca llegó. Me fui a la calle a filmar. El lunes siguiente había como un shock, una incertidumbre. Algo tan asustador. Una chica de las FARC me dijo que estaba embarazada, que ya estaban listos para la nueva vida. El martes se reúnen [el expresidente Álvaro] Uribe y Santos por primera vez en años. Empiezan las marchas más lindas que he visto como periodista en Colombia.

El regreso y Uribe

Los negociadores vuelven a La Habana, Margarita Martínez se enfoca en eso y en lo que siguió. En la entrega de armas por parte de las FARC, en el vaivén de lo que pactaban las partes y lo que no; y hasta en el triunfo de Iván Duque como presidente de Colombia. Duque es una de las personas de confianza del expresidente Uribe, uno de los más críticos de lo pactado en La Habana, y en campaña prometió revisar los acuerdos.

El 29 de noviembre de 2018, La Negociación se estrenaba en los cines colombianos, pero un tuit de Uribe revolvió la escena. Después de ver el tráiler del documental, reclamó a Cine Colombia, empresa que proyectaría la cinta, por permitir que “lo acusaran” a él y a sus aliados como “enemigos de la paz”. Las redes sociales se incendiaron. Si bien hubo voces a favor de Uribe, la frase #IréAVerLaNegociación se hizo viral.

Eso sí, la venta de la boletería para la proyección se suspendió por unas horas.

“Uno nunca puede aplaudir la censura”, asegura Martínez, mientras no deja de establecer un paralelo entre los obstáculos para la paz en Colombia, y las trabas que tuvo que sortear para ver con vida a su documental.


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