Esta semana se desarrolló, en la sede de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, el foro “Desafíos y oportunidades de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible”, organizado por la Fundación Ciudad del Saber.
Los expositores del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y de la Concertación Nacional para el Desarrollo explicaron conceptos, objetivos y retos, y dieron ejemplos de algunas iniciativas regionales.
El desarrollo sostenible requiere una visión integral y equilibrada que ampare tres dimensiones: la economía, el ambiente y los aspectos sociales. Sin embargo, a menudo se tiende a favorecer más la economía y se descuida el ambiente o la calidad de vida de la gente.
Hace un año, los países reunidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaron la llamada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que reemplazan los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) a partir de de este año y hasta 2030.
Los ODS abarcan más de un centenar de metas en cinco áreas: las personas, la paz, el planeta, la prosperidad y la gobernanza. Desde el ámbito de las personas, se vincula su calidad de vida y desarrollo de capacidades. El partenariado o alianzas entre países es una ficha clave para el cumplimiento de las metas.
La Agenda 2030 es integral, contempla el principio de que nadie se quede atrás, y es universal, es decir, es válida tanto para los países desarrollados como para aquellos en vías de desarrollo, con responsabilidades diferenciadas.
Los parámetros de los indicadores se ven de otra forma. Si antes se aspiraba a reducir la pobreza a la mitad, ahora se busca erradicarla totalmente. En décadas anteriores había un gran énfasis en el crecimiento económico de los países que, en teoría, iba a traer beneficios a la población, permitiría transformar la estructura productiva y ser más eficientes a largo plazo, y el ambiente también tendría sus beneficios, pero en la práctica no necesariamente ocurrió así. Las mediciones de pobreza respondían a esa misma lógica, cuando las condiciones ambientales no eran realmente las mejores y no había equidad social.
Considerando estas realidades, el nuevo enfoque sobre el desarrollo sostenible supone un proceso en el cual los beneficios que se obtienen ahora no afecten las oportunidades de las futuras generaciones.
Cada país deberá ver cómo incorpora los objetivos de la Agenda 2030 dentro de sus propias políticas. En este proceso, los esfuerzos de los jóvenes, gobiernos, sector privado, sociedad civil y la cooperación internacional, serán fundamentales. También se deberán ampliar las capacidades de la población para cerrar brechas sociales, de género, territoriales, etc.
La tecnología será una aliada en el desarrollo en la medida que la población tenga acceso a ella. Si algunos niños se educan con recursos como una tableta, eso les da una ventaja sobre aquellos que no tienen ese tipo de educación. Y quienes no tengan acceso a internet se van quedando atrás, y esto va en contra de uno de los principios de la Agenda 2030.
Por otro lado, la corrupción le quita el acceso a la población a medios o recursos que permitirían mejorar sus capacidades, y eso a la vez aumenta la brecha entre los que tienen y los que no, fomentando la desigualdad en las oportunidades de superación para salir del círculo de la pobreza.

