Feroz carnívoro e intimidante con sus seis metros de extensión de la cola a la cabeza, “Gualicho”, el último dinosaurio descubierto en Argentina, abre un nuevo linaje en su especie, dijeron sus investigadores al presentarlo en Buenos Aires, Argentina.
Se trata de un terópodo de manos con dos dedos, algo inusual para lo que se ha descubierto hasta ahora en el continente, que lo ubica como un hallazgo de enorme significado mundial, según explicó Sebastián Apesteguía, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y parte de la Fundación Azara.
“Es un linaje diferente. Nos quedamos helados al descubrirlo, ya que, para nosotros, fue como tener un enorme elefante debajo de la alfombra”, explicó Apesteguía durante la presentación en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina.
Una particularidad de “Gualicho” es que su único antecedente es el del terópodo africano Deltadromaeus, descubierto en Kem Kem, Niger, del que jamás hallaron los huesos de los brazos, donde se detectaría la singularidad.
El trabajo sobre “Gualicho”, que fue publicado en la revista científica Plos One, lleva la firma de Apesteguía junto a Rubén Juárez Valieri, que se especializa en dinosaurios carnívoros y ornitisquios en la Secretaría de Cultura de Río Negro.
“Le pusimos el nombre Gualicho para honrar a la antigua diosa watsiltsüm de los indígenas tehuelches del norte (argentino), que es considerada como la dueña de los animales y del viento. Además, por las enormes dificultades que sorteamos para poder recobrar el esqueleto hallado”, comentó.
“Gualicho” es una palabra que en Argentina significa una suerte de embrujo, aquello que quedó emparentado con la investigación, en la que el equipo sufrió el vuelco de una camioneta y la negación de diversos permisos de excavación, lo que demoró años el trabajo.
Los obstáculos burocráticos y otros de “mala fortuna” llevaron incluso a que la investigación quedara por un tiempo en manos de otro grupo de paleontólogos.
El desarrollo del descubrimiento comenzó en el año 2000, cuando el equipo de Apesteguía halló huesos de dinosaurios y troncos petrificados en un campo cercano a la zona de Villa El Chocón, en Neuquén, aunque del lado de la provincia de Río Negro, en plena Patagonia.

