Cuando Siera Bearchell, la representante de Canadá en Miss Universo 2016, desfiló en la pasarela del certamen, las alarmas se encendieron.
Siera tenía signos muy distintos al tradicional cuerpo de una Miss. Rollitos en los brazos y desprovista de un abdomen perfectamente plano, la beldad de ojos color océano había aumentado de talla en dos números y no encajaba en el canon de la belleza habitual. La llamaron la Miss Curvy.
El movimiento de modelos curvys, es una corriente que aboga por el orgullo propio y consiste en presumir de una silueta voluptuosa, algo que había sido vetado en el mundo de la moda y que en cierto punto arrastró a las maniquís a otro extremo peligroso: el de la anorexia.
De este modo, las chicas voluptuosas fueron ganando terreno con discursos y actitudes propias de una diva.
Ashley Graham, Tess Holliday, Nadia Aboulhosn y Tara Lynn son algunas en la lista de abanderadas que han desechado estereotipos y tirado por tierra las supuestas medidas perfectas de 90-60-90 que en otrora época puso en auge la actriz Marilyn Monroe.
No era la primera vez que una curvy levantaba su voz en señal de rebeldía al molde impuesto por la industria de la moda, pero este concepto fue entrando en la mente de las mujeres de espacios cotidianos, que por sus siluetas no convencionales por mucho tiempo se habían sentido relegadas de la moda, porque no encontraban ya sus tallas en los anaqueles de las tiendas y optaron por vestir descomplicadas o con lo que podía cubrir su anatomía.
El panorama para las chicas con curvas ha cambiado para positivo en los últimos años. Ahora son invitadas a pasarelas y las más exóticas han posado para portadas de renombradas revistas, pero ¿hasta qué punto su imagen se consolida como un ejemplo para las nuevas generaciones? ¿Riñe este concepto con la corriente de alimentación saludable que alude la Organización Mundial de la Salud para bajar las cifras de obesidad?.
VEA: La moda ‘curvy’ se vuelve peligrosa
