La donación de sangre es un acto de buena voluntad que toma unos 15 minutos y contribuye a salvar vidas, mejorar la salud de las personas y por consiguiente de la sociedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) hace la salvedad de que “existe una necesidad constante de donaciones regulares, ya que la sangre solo se puede conservar durante un tiempo limitado y luego deja de ser utilizable”.
La OMS señala que algunas de las personas que pueden requerir transfusiones de sangre son mujeres con complicaciones obstétricas, niños con anemia grave, las personas con traumatismos graves provocados por catástrofes, accidentes o conflictos, pacientes que se someten a intervenciones quirúrgicas y médicas complejas, y enfermos de cáncer.
Pero, a pesar de ser un procedimiento que no representa un riesgo para el donante, todavía existe temor y dudas sobre los pasos que conlleva.

¿Quién puede donar?
Según datos brindados por el programa de “Donante voluntario de sangre y plaquetas: Dona vida”, liderado por Fundacáncer, Instituto Oncológico Nacional y Fundación Felipe Motta, los requisitos para donar sangre son: tener entre 18 y 65 años; gozar de buena salud, pesar mínimo 110 libras (50 kg), No haber padecido de enfermedades de transmisión sexual o ser portador de alguna, no haberse hechos tatuajes o piercing en los últimos seis meses, y que hayan transcurrido tres meses desde su última donación de sangre.
Se hace una breve entrevista sobre “el estado de salud, los últimos viajes, el uso de medicamentos y el riesgo de infecciones que puedan ser transmitidas por sangre (VIH-sida y hepatitis viral), se hará una toma de presión, temperatura y pulso, y la medición de la hemoglobina”, se detalla.
Mitos
Gabriel Rebellón, de la organización Sangre Panamá, desmiente algunos mitos populares sobre la donación. “No se contrae enfermedades por donar sangre. Después de la extracción se puede llegar a sentir un poco débil, por lo que es importante seguir las recomendaciones de descansar inmediatamente unos 10 minutos, una vez terminado el procedimiento, y por lo menos por 24 horas no hacer ejercicios o caminar largas distancias”, apunta Rebellón, y agrega que al contrario de lo que muchos piensan “donar sangre no engorda”.
Y sobre la creencia en que una vez una persona dona, debe seguir haciéndolo siempre, Rebellón aclara que “el cuerpo produce una cantidad específica de sangre y no va a producir más. Si hay alteraciones son debido a otras causales”.

