Cámaras grandes, pequeñas, subacuáticas o envolventes. Palos de selfis enloquecidos, lentes incrustadas en gorros y máquinas fotográficas vintage. Todos están invitados, pero los que más alto vuelan en la VIII edición del Salón de la Foto de París son los drones.
Esas aeronaves no tripuladas que fueron concebidas para fines bélicos se han abierto hueco en los últimos años en la gestión forestal, la agricultura o la vigilancia de las fronteras.
Y cada vez más también en la fotografía, convertidos ahora en el gran reclamo de un salón profesional que se espera visiten unas 75 mil personas hasta el próximo domingo.
“Hay drones para los expertos, para los aficionados avanzados para los neófitos. Todos los días salen productos nuevos. Va muy, muy rápido”, comenta el presidente de la compañía PNJ CAM, Pierre Nove Jossebrand.
El auge y lo llamativo de esa tecnología ha hecho florecer en el Salón de la Foto de París una “jaula” de 66 metros cuadrados en la que los visitantes pueden familiarizarse con los drones y presenciar demostraciones de pilotos y fotógrafos expertos.
