Se completan este mes 236 años del natalicio de Simón Bolívar, figura preclara de nuestra historia. Sucede en los días en que la materia educación está en la boca de todos los compatriotas, después de una discusión sobre sus alcances y futuro.
“La instrucción es la felicidad de la vida”, afirmaba Simón, quien fue beneficiario de una educación de calidad en su Caracas natal de finales del siglo XVIII y principios del XIX. “No puede haber libertad donde hay ignorancia”, “la esclavitud es la hija de las tinieblas” y “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”, expresaba.
La educación, por tanto, es fuente de ciudadanía, para el artífice de la libertad e independencia, y también inspiración. Quien tanto se empeñó y trabajó sin cesar, a riesgo de la propia salud y la propia vida, no podía apostar por la destrucción de los espacios ciudadanos en libertad, y sí por la civilización, cuyo sendero atesorado y por atesorar son la educación.
Nuestra educación está retrasada para los embates de hoy. Me opongo a quienes dicen que es de tercera y quinta categoría. Debemos es actualizarla. Reorientarla con buena luz; no autoflagelarnos.
Y la educación, la instrucción, el aprendizaje, tienen en el maestro un pilar. El oxígeno es tan indispensable para la vida como lo es el guía para el educando y el discípulo. Durante años, el Meduca y los gremios magisteriales han estado en una mesa de diálogo para ponerse de acuerdo, circunstancia loable.
Hasta en el momento postrero, el Libertador, también maestro y articulador educativo, agradeció las enseñanzas de su maestro y mentor, y ponderó la importancia que tuvieron en la obra que cimentó, una de las más extraordinarias de cualquier ser humano en todos los tiempos.
El Simón Libertador escribió al Simón Rodríguez Maestro: “Usted, mi maestro, no habrá dejado de decirse: yo sembré esa planta, yo la regué y yo, aún tierna, la enderecé”.
El Libertador admite que su vida la ayudó a forjar un guía, que es un artífice de la educación, un operador pedagógico, con mucha creatividad, disciplina, ciencia y arte. Que se multipliquen los guías –formales y emergentes- en el Panamá que amamos.
“Yo he seguido el sendero que usted me señaló. No puede usted figurarse cuán hondamente han calado las lecciones que usted me ha dado; jamás he podido borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado.
Siempre presente, ante mis ojos intelectuales, las he seguido como guías infalibles”, argumenta. Reconoce en su tutor y maestro al forjador de su personalidad extraordinaria y de tantas ejecutorias, que hoy dos siglos después seguimos admirando y de ellas aprendiendo.
Bolívar tenía una gran fe en el poder transformador de la educación. La educación abre el camino a la transformación del hombre, al progreso, a la convivencia. Es urgente, en consecuencia, emprender la ardua tarea educativa, capaz de formar hombres capacitados, hábiles, virtuosos, y convertirlos en ciudadanos libres frente a súbditos sumisos.
El ciberactivismo y las redes sociales están llamados a ponerse al servicio de la educación para desarrollarla, ampliarla, eliminar la brecha entre inforricos e infopobres, y constituirse en la gran herramienta de combate a la pobreza, al analfabetismo y la inequidad.
El autor es docente y periodista.
