El más grandioso desempeño en taquilla de una película del director Roland Emmerich fue con Independence Day (1996), la que obtuvo mundialmente en venta de tiquetes 817.4 millones de dólares.
Es una convocatoria increíble tomando en cuenta que fue estrenada en 2,977 salas de Estados Unidos, cuando su secuela, Independence Day: Resurgence (2016) estará casi en el doble de los espacios en la unión americana.
También cabe recordar que en 1996 el tiquete promedio costaba $4.42 en Norteamérica y ahora ronda los $8.58 (las salas 3D, 4D e Imax son aún más elevadas).
Si bien es casi imposible que sus propuestas audiovisuales le permitan ganar un Oscar como mejor director (más fácil obtiene un Razzie) o ser el principal estreno en el Festival de Cannes, sus producciones son lucrativas.
El sitio web boxofficemojo.com calcula que al precio actual de las entradas al cine, las producciones de Emmerich hechas en la llamada meca del cine habrían recaudado un billón 884 millones de dólares.
REACCIONES
En un renglón donde el asunto le ha salido medio chueco es en su relación con los críticos. Una muestra reciente es la tibia aceptación de Independence Day: Resurgence entre los expertos.
Para Peter Bradshaw, de The Guardian, Independence Day: Resurgence es “triste y aburrida”, y además carece de “la audacia o la diversión de la primera película”.
Fionnuala Halligan, de Screendaily, señala que es “tan intencionadamente cursi y descaradamente absurda como la primera. Reparte la acción y los efectos en crecientes dosis cuidadosamente calculadas, que dan a la película una tensión que se va acumulando”.
Robbie Collin, de The Telegraph, comenta que “no solo es descuidada, sino que es casi un sinsentido”.

