El director belga Gerard Mortier, una de las grandes figuras de la ópera de las tres últimas décadas, falleció a los 70 años, tras una carrera durante la cual defendió la modernidad del arte lírico.
Su deceso fue anunciado ayer por la ministra belga de Cultura, Fadila Laanan.
Mortier, que tenía cáncer, fue director artístico del Teatro Real de Madrid hasta septiembre de 2013. Su paso por los grandes teatros líricos de Europa -entre otros el Teatro Real de la Moneda en Bruselas (1981-1992), el festival de Salzburgo (1992-2001) y la Ópera de París hasta 2009, antes de irse al Real de Madrid- lo convirtió en una de las grandes figuras de la ópera conocido en todo el mundo.
Su carrera no estuvo exenta de polémicas, sobre todo por su defensa acérrima de la modernidad en el género y la reivindicación de la dimensión teatral de la ópera.
“Fue un gran innovador y un gran director de ópera”, declaró el director de teatro y de ópera suizo Luc Bondy, quien colaboró con él en varias oportunidades.
El Teatro Real de Madrid lamentó “profundamente” la desaparición de Mortier, una “gran pérdida” de “quien tan excepcionalmente contribuyó con impulsar el panorama operístico y cultural español”, afirma el comunicado.
