Un policía llega a un hospital con un cocker spaniel llorando y temblando. El animal tiene una cuenca rosa llena de pus en lugar de ojo izquierdo y es tan delgado que su columna y costillas se marcan en su pelaje color caramelo.
Como se sospecha de abuso animal, este perro no será atendido como otras mascotas que llegan para recibir tratamiento a la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales. Más bien irá a un equipo especializado en veterinaria forense que está entrenado para atender animales mientras buscan evidencia para posibles cargos criminales. Una especie de CSI para animales. “El mensaje a la gente que abusa de los animales es que no hace nada”, dijo la doctora Alison Liu, una de las veterinarias forenses del equipo. “Y creen que no serán capturados, y no es siempre el caso”.
La organización benéfica con sede en Nueva York tiene un equipo de tres veterinarios forenses dedicados a recopilar evidencia para castigar a abusadores de animales. Su trabajo incluye viajar al lugar del crimen y trabajar con el departamento policial de Nueva York bajo una reciente sociedad que ha duplicado el número de arrestos por crueldad en los últimos dos años.
También tienen un laboratorio para autopsia, una unidad de evaluación y un centro de rehabilitación que alberga unos 60 animales para ser adoptados.
El líder del equipo, doctor Robert Reisman, desarrolló estándares de evaluación utilizados a nivel nacional para determinar casos de abuso y negligencia, y testificó en algunos de los primeros casos de abuso animal en utilizar ADN en juicio para lograr condenas criminales.

