Experimentador, provocador y creador incontenible, la obra de Frank Zappa, que habría cumplido ahora 75 años, cruzó desde el rock todas las fronteras musicales en la segunda mitad del siglo XX para dejar un legado tan singular como inimitable.
“En este mundo de estereotipos básicos, dale a un tipo una nariz grande y un pelo raro y será capaz de todo”, dijo en una de sus últimas intervenciones públicas a la NBC un artista acostumbrado a dejar perlas en cada una de sus entrevistas.
Frank Vincent Zappa, de ascendencia “siciliana, griega, árabe y francesa”, según su delirante autobiografía The Real Frank Zappa, nació el 21 de diciembre de 1940 en Baltimore (Estados Unidos) y pasó su infancia viajando de un lado a otro debido al empleo de su padre, un meteorólogo que trabajaba para el Ejército.
Ya instalado en California, Zappa comenzó a tocar la batería y la guitarra y a desarrollar un inusual gusto musical: le gustaba tanto el rhythm and blues y el doo-wop como los compositores de música clásica Edgar Varse y Igor Stravinsky.
