Historia de un ‘irrespeto’ ambiental

La decadencia de la bahía de Panamá empezó con el auge demográfico y urbano de la ciudad a mediados del siglo XX.

Historia de un ‘irrespeto’ ambiental
El proyecto de saneamiento de la bahía de Panamá en su primera etapa alcanza el 93% de avance.

Las mínimas arenas y rocas de la playa Santo Domingo en San Felipe reunieron el pasado verano a decenas de lugareños y turistas que se acercaron desde temprano al pedazo de costa con trajes de baño, sillas plegables y la convicción de que la pasarían bien bajo el brillo del sol de enero.

Música, castillos de arena, libros, surf, discos de frisbee, yoga, voleibol, asados, tragos, cervezas, lentes oscuros... El denominado “Un día en la bahía” llenó el lugar de paraguas de colores y le devolvió algo del espíritu recreativo que otrora ofrecía el litoral Pacífico de la ciudad de Panamá.

Cuando las fotografías y videos de la inusual tarde playera frente a la bahía panameña llegaron a las páginas de internet, Facebook y el resto de redes sociales, las reacciones se mezclaron entre el asombro por la inusual escena y la nostalgia al evocar “la bahía que fue”. Y también algo de desazón, por la lesión ambiental que han sufrido aquellas aguas.

En el fondo, el mensaje de “Un día en la bahía” era recordar a los ciudadanos que lo poco que queda de las playas de la bahía de Panamá está allí disponible, son espacios públicos que deben irse recuperando, asegura Patricia Pinzón, de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo, y destaca que antes y después de la actividad, más personas han acudido a la playa de Santo Domingo a pasar un rato allí, como debió ser siempre en una ciudad como Panamá, anclada al lado del mar.

La nostalgia por los buenos tiempos de la bahía es palpable, y el pesar de las nuevas generaciones también cuando ven alguna imagen de la recreación en las arenas del litoral de la ciudad, asegura Osvaldo Lezcano, gestor de la iniciativa online Panamá Vieja Escuela, donde se ha compartido un puñado de fotos de adultos y niños disfrutando de las aguas de la bahía.

lesión ambiental

La decadencia de la costa panameña contigua a la ciudad capital empezó con la revolución demográfica y la creciente urbanización desde mediados del siglo XX, plantea el libro Agonía de la naturaleza (1985), de Stanley Heckadon Moreno y Jaime Espinosa González.

En 1905, con una incipiente soberanía, la población de la capital era de 22 mil habitantes y, para 1940, la cifra era de 173 mil 328.

“El distorsionado gigantismo de la ciudad ha agravado los problemas para establecer los servicios básicos que requiere su población. Esto ha provocado problemas ambientales cuya solución es difícil y costosa. Uno de estos es la alarmante contaminación de la bahía de Panamá, producida por los millones de galones de aguas servidas sin tratamiento que caen a las cloacas y alcantarillas directamente al mar o a través de los ríos Curundú, Matías Hernández y Matasnillo”, resume el libro.

El área más contaminada de la bahía era la desembocadura del río Matías Hernández, donde se encontró un nivel de residuos fecales tan alto, que el agua se consideró contaminada casi en un 100%, según un estudio del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales hecho en 1977 y citado en Agonía de la naturaleza.

Paralelo al auge demográfico y de concreto, la bahía recibió otra “puñalada” cuando en 1941 empezó a funcionar un vertedero en los manglares de Panamá Viejo y que operó allí por décadas bajo el nombre popular de “dompe”.

Aquello fue “un irrespeto total, una humillación a la naturaleza”, critica Heckadon Moreno, y añade que el muladar en el que se convirtió la costa es un reflejo del estilo desordenado y sin planificación de desarrollo que ha tenido el país.

“Matamos los ríos de la ciudad y su bahía en una sola generación”, se lamenta el científico que conoció la belleza de la bahía gracias a los relatos de su madre Manuela Moreno.

ANTECEDENTES

La historia de la contaminación de la bahía de Panamá se remonta a varios siglos atrás, desde los tiempos de la vieja ciudad en San Felipe, fundada en 1673.

Como no había acueductos ni alcantarillas, los habitantes hacían sus necesidades en recipientes y bacinillas, y a diario eran recogidos por un hombre que los depositaba en tanques más grandes que transportaba en carretillas. Todos le conocían como “el mierdero” , cuenta el periodista y sociólogo Milciades Ortiz, tras conocer los relatos de veteranos que vivieron el inicio de la vida republicana.

Eran muchos los que se dedicaban al oficio muy formal por entonces, y hasta quienes tenían letrinas en sus casas necesitaban de vez en cuando de los servicios de los “mierderos” cuando el pozo se llenaba, relata el también catedrático.

Y todos los cargamentos de heces terminaban en las aguas de la bahía.

La situación cambió cuando Panamá dejó atrás su etapa departamental y los estadounidenses, ya inmersos en la construcción del Canal, se involucraron en el tema de salud.

LIMPIEZA Y DILEMA

El proyecto de saneamiento de la capital y la bahía de Panamá intenta “revivir” la zona, y ya alcanza 93% de avance en su primera etapa (desde San Felipe hasta el aeropuerto de Tocumen) prevista para concluir en 2017, según infor mación de la Unidad de Proyectos de Saneamiento de la ciudad y bahía de Panamá.

Pero hay un detalle: casi no quedan espacios públicos para el hipotético uso de la bahía como antes, una vez el saneamiento de la zona alcance un nivel óptimo, afirman el arquitecto y urbanista Álvaro Uribe y Sebastián Paniza, director en Panamá del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios y exdirector de Patrimonio Histórico.

Salvo la Plaza de la Democracia, el parque de Paitilla y las playas del Casco Antiguo, no hay más puntos en las orillas de la ciudad que permitan el aprovechamiento público de la futura bahía recuperada, resumen.

El litoral es dominado, en cambio, por obras y edificaciones que, paradójicamente, se construyeron sobre la costa, un patrimonio natural que pertenece a todos los ciudadanos. En lugar de trazar una calle por todo el margen costero para construir detrás de ese límite, se hizo al revés, argumenta Uribe.

Así, prosigue, se pueden identificar en la bahía de la ciudad extensiones dominadas por construcciones que han bloqueado el acceso al mar, otras como carreteras que al menos permiten el uso del malecón y la vista al océano y unos pocos sitios públicos para la distracción en las cercanías del agua y la brisa marina (ver mapa).

¿Al agua?

Pese al conocido estado de la bahía capitalina, es común ver niños, jóvenes y adultos usando sus aguas con fines recreativos en varios puntos de la ciudad.

La recomendación es no hacerlo, pese al 93% de avance del proyecto de saneamiento, dice Tatiana De Janón, su coordinadora general.

Actualmente, la Unidad de Proyectos de Saneamiento de la ciudad y bahía de Panamá ejecuta el Programa de monitoreo de la calidad del agua de los ríos y de la bahía de Panamá, y los resultados preliminares muestran que, en efecto, no es recomendable darse un baño en la bahía de Panamá como en tiempos pasados.

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