El Japón de hace mil años era mucho más cosmopolita de lo que se pensaba, según revelaron arqueólogos este miércoles, basándose en pruebas sobre la presencia de un persa que trabajó al servicio del Gobierno nipón en la antigua capital Nara.
Recientes pruebas, muy precisas, llevadas a cabo sobre un trozo de madera descubierto en los años 1960 condujeron a los investigadores a esta clase de conclusión.
La imagen infrarroja permitió revelar caracteres hasta entonces ilegibles en la madera (soporte muy usado en Japón antes de la aparición del papel), que nombran a un responsable persa que vivía en el país.
Este hombre trabajaba en una academia que formaba a funcionarios, explicó Akihiro Watanabe, experto del Instituto de investigaciones sobre las propiedades culturales de Nara.
Es posible que hubiera enseñado nociones de matemáticas, estimó Akihiro Watanabe, al subrayar la excelencia de los persas en este ámbito.
“Aunque precedentes estudios demostraran la existencia de intercambios con Persia, que se remontan al siglo VII, es la primera vez que constatamos que un habitante de una región tan alejada como esta trabajó en Japón” en esa época, declaró.
“Y ello demuestra que Nara era una ciudad cosmopolita donde los extranjeros eran tratados como iguales”, añade el especialista.
Nara fue la principal de Japón a partir del año 710 hasta el 784, cuando la capital se trasladó a la ciudad de Kioto.

