En el país del té, los japoneses saborean el café a su manera. Lo dejan en manos de especialistas que les sirven la bebida con aroma a lichi, condimentado con jazmín o un expreso “Chardonnay” en un vaso de vino. A lo gourmet.
Los pequeños bares que sirven estas exquisiteces para los paladares más exigentes están de moda en el archipiélago.
Japón importa 430 mil toneladas de café por año, justo por detrás de Estados Unidos y de Alemania.
“El hecho de que existiera la cultura del té ha ayudado a Japón a apreciar el café como producto de lujo”, estima Miki Suzuki, de 32 años, mejor barista del archipiélago.
La joven ha convencido al jurado con una bebida con aromas cítricos y con nitrógeno, una técnica utilizada por los cerveceros para obtener una espuma cremosa.
La sirvió en copas de champán. A ella “al principio no le gustaba el café”. Ahora tiene un único objetivo: “convertirse en la primera mujer barista en ganar el título mundial”.
