Juan Luis Guerra, lo nuevo y lo viejo

El artista Juan Luis Guerra mezcló su repertorio de siempre con muchas de sus nuevas canciones.

Juan Luis Guerra, lo nuevo y lo viejo
El artista dominicano interpretó poco más de 20 canciones.

Apagaron las luces y al instante se activó el bullicio general en el recinto. El reloj decía que ya eran las 10:15 p.m. y la multitud ya llevaba varias horas esperando.

En la enorme pantalla al fondo del escenario empezó una cuenta regresiva para el segundo concierto de Juan Luis Guerra en Panamá, tras su paso por la provincia de Chiriquí hace unos días.

Cuatro, tres, dos, uno y la figura del espigado cantante dominicano apareció frente a la muchedumbre que acudió al Figali Convention Center para cantar y bailar merengue, salsa, bachata y hasta algo de bolero.

En el centro del escenario una cabina telefónica al estilo de antaño le dio un toque particular al sencillo montaje que trajo el artista dominicano.

El espectáculo había dado inicio antes, a las 9:00 p.m. con una breve intervención del conjunto folclórico Tradiciones y Alegorías Panameñas y seguido fue el turno de la orquesta nacional La K-Shamba, con algunos covers y canciones propias que han popularizado en sus actuaciones. El público les correspondió con aplausos.

Poco después de las 10:00 p.m. empezó el repertorio de Juan Luis Guerra: Cookies & Cream, La travesía, Ojalá que llueva café, La llave de mi corazón y Mi bendición, en ese orden.

Fue uno de esos conciertos en los que el sonido brillaba, pero por la ausencia de nitidez. Por momentos no se entendía lo que salía de la boca del cantante y sus coristas.

La gente igual secundaba con aplausos y con celulares y “palos selfis” arriba filmaban y tomaban fotos para alimentar sus redes sociales.

El show continuó con una mezcla de canciones recordadas y otras de recientes discos, entre ellas Carta de amor, Como yo, Muchachita linda, Para que sepas, El costo de la vida, Para ti, Tus besos, Todo tiene su hora (que da nombre al nuevo disco del artista y a su tour de conciertos), Visa para un sueño, La guagua, El Niágara en bicicleta y La bilirrubina. Siempre acompañado de la orquesta 4.40.

El público bailó y sudó lo nuevo y lo viejo de Juan Luis Guerra en cualquier rincón que sirviera de pista.

Luego vino el tradicional juego del falso final y tras unos minutos de oscuridad el cantante regresó con A pedir su mano, Estrellitas y duendes, Bachata en Fukuoka y Bachata Rosa. Eran casi las 12:00 medianoche y algunos se quejaban porque no escucharon La Hormiguita, Woman del Callao, Frío, Frío ni Me enamoro de ella.

Afuera esperaba el humo de los fumadores y un espectáculo de vehículos estacionados sobre las aceras y lunetas, cual exposición.

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