De portadas coloridas, tapas gruesas a prueba de travesuras y textos ilustrados en detalle, los libros para niños abundan en las estanterías de las librerías, y los compradores, que aún no han entrado en la etapa de padres, pasan inadvertidos por esta sección.
Suele subestimarse, pero la literatura infantil puede hacer reflexionar a los adultos sobre temas que creían aprendidos.
En el ejercicio de la lectura, en principio dirigida a un público infantil, una persona madura puede encontrar, entre líneas, mensajes que no habría captado en su niñez, ni siquiera tras la repetición de su cuento favorito.
Es por ello que promotores de la lectura invitan a darle un voto de confianza a las obras de literatura infantil, en especial a las de autores nacionales, y plantean no descartar las portadas animadas entre las favoritas para disponer en la mesita de noche o para entretenerse en sus ratos de ocio.
“La literatura infantil y juvenil puede llegar a lo más profundo de nuestra sensibilidad, despertando de manera clara y sencilla sentimientos y sensaciones que los adultos tendemos a sepultar”, declara Irene Delgado, presidenta de la Academia Panameña de Literatura Infantil y Juvenil.
La especialista aclara que la clasificación de “infantil” no debiera frenar la curiosidad de un lector, recordando que en la mayoría de los casos son escritores adultos los autores de las historias fantásticas pensadas para niños.
La recuperación de sentimientos como la ternura y el despertar de la imaginación, que al final de cuentas incrementa la creatividad, son más bondades del repaso de las obras literarias infantiles en los mayores, apunta Carlos Fong, cuentista, investigador y coordinador del Plan Nacional de Lectura del Departamento de Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura.
Hay textos que apelan a tomar conciencia de los problemas ambientales. Y la lectura de este tipo de obras para niños, en este sentido, ayuda a “crear ciudadanos más conscientes en el cuido del entorno y la sociedad”, argumenta Fong, de un efecto que repercute en el lector sin distinción de edades.

