Son visitas a domicilio, sin el domicilio. Lejos de los estériles confines de una consulta médica o un hospital, Brett Feldman busca a personas sin hogar donde es más fácil encontrarlas: en asentamientos en zonas arboladas, debajo de los puentes, en riberas y en comedores sociales, y los atiende por enfermedades que van desde la diabetes al pie de trinchera, el abuso de sustancias o la enfermedad mental.
Feldman, un médico asistente de 34 años, es uno de los escasos practicantes en el país de la “medicina de la calle”. Es un diminuto nicho de la atención sanitaria, que según sus defensores se hará más habitual conforme hospitales y sistemas de salud intentan reducir costes, en parte reduciendo visitas a urgencias de los sin techo.
Feldman ofrece atención primaria y preventiva a unos 100 pacientes sin hogar al mes, y les atiende allá donde se encuentren. “Mi trabajo es llevarles consuelo, y curación cuando puedo”, dijo Feldman.
