México, lindo, querido y fantástico. México de colores. Mitos, ritos y mitología. Fuerza ancestral en esos pinceles y en esos óleos. De cuerpo presente obras de Tamayo y Rivera, de los héroes culturales de Latinoamérica. A la distancia de la vista, en el Museo del Canal Interoceánico. Delicias para los ojos y para la ternura desde una tierra de gigantes.
Nos tropezamos en los salones con Mandalización quiromántica sofisticada y sarcástica con complejo de superioridad, 1969, de Pedro Friedeberg; el retrato de José Luis Cuevas, de Graciela Iturbide; Pedro Friedeberg frente a su mural en el Hotel Camino Real, Ciudad de México, 1969, de Paulina Lavista; Mujeres, de Cordelia Urueta, 1943. Son 71 obras de los artistas mexicanos, que estarán expuestas hasta el 18 de septiembre. Pertenecen a la colección del consorcio FEMSA, que administra Coca Cola y Estrella Azul local y que serán transportadas a Centroamérica, bajo el nombre de México: identidad fantástica, obras maestras del siglo XX. Colección FEMSA.
Una obra es de la emblemática Frida Kahlo. Y otra de Alfredo Sinclair, panameño de Colón. Reúne además obras de Remedios Varo, Gerardo Murillo “Dr. Atl”, José Clemente Orozco, María Izquierdo, José Luis Cuevas, Leonora Carrington, David Alfaro Siqueiros y Lilia Carrillo.
Es una muestra solo del consorcio, cuya colección es de 1,200 obras de escultura, pintura, dibujo, gráfica, fotografía e instalación. Corresponden a las escuelas y los movimientos más destacados del arte mexicano. La muestra invita a reflexionar sobre las inquietudes plásticas y sociales de los artistas en México, a lo largo del siglo pasado.
Las obras en el Museo del Canal, en la Plaza de la Independencia, Centro Histórico de San Felipe, están divididas en siete núcleos temáticos: “De la experiencia europea a la Escuela Mexicana de Pintura”; “Paisaje”; “Las vanguardias”; “Arte fantástico y surrealismo”; “La llegada del surrealismo europeo”; “Nuevas tendencias en las artes plásticas mexicanas: La Ruptura”, y “Retrato”.
La curaduría de la exhibición está a cargo de Emma Cecilia García Krinsky. Se vislumbra cómo los productores exploraron la identidad y buscaron crear un arte propio, que exalta y manifiesta las raíces de la mexicanidad; de tal forma que se integran obras de los muralistas, de las vanguardias, del grupo llamado La Ruptura y de los europeos que emigraron a México.
Esta exposición de arte acercará aún más a México y Panamá, dos pueblos que a lo largo de más de 100 años de relación han construido una estrecha amistad y han impulsado la gran capacidad creativa de sus artistas.
No pocos maestros de la artes plásticas, como Palomino, se han nutrido de la fuerza expresiva del arte mexicano. En los campus central y Harmodio Arias, de la Universidad de Panamá, se exhiben murales y pinturas de Palomino, heredero de las escuelas y movimientos mexicanos, que bebieron de las mejores prácticas del arte europeo.
Es una de las exposiciones de mayor relevancia que se ha presentado en nuestro país. Su concretización es posible a muchos factores, adelante el dinamismo de la Embajada de México, a cargo de José Ignacio Piña y su competente equipo de trabajo, que se ha convertido en un referente del quehacer cultural de la ciudad.
Ambas naciones están hermanadas por la historia y la cultura. El Congreso Anfictiónico, que se inauguró hace 190 años en la ciudad de Panamá, bajo la convocatoria de Bolívar, tuvo delegados mexicanos y concluyó en el hoy DF. Nos hermana aún más que México es un país bolivariano, como Panamá.
