Urgen más niñas interesadas en las pantallas encendidas, con deditos ágiles para las teclas y con mayor conocimiento sobre el mundo digital. El llamado es reiterativo porque en 2025 el mercado laboral necesitará más de 1.25 millones de desarrolladores de software, constata el Banco Interamericano de Desarrollo y, por ahora, el grupo femenino se está quedando rezagado en América Latina.
En la región, apenas el 6% de los desarrolladores web corresponde a mujeres, según datos de la encuesta global Stack Overflow.
Un orificio de luz está brillando en San José, Costa Rica, en la cooperativa Sulá Batsú, que cuatro años atrás abrió el programa TIC-as -con apoyo de ONU Mujeres- para instruir a chicas entre los 10 y 14 años, residentes en zonas rurales, en habilidades relacionadas con la computación y la programación.
Las tutoras son universitarias que cursan carreras afines y prestan servicio voluntario en la enseñanza o el afianzamiento en el uso de tecnologías: desde tareas básicas sobre cómo abrir una cuenta de correo electrónico, un blog, comprender el lenguaje de programación Python, hasta las más complejas, como manejar un dron. También reciben entrenamiento las madres o responsables femeninas del cuidado de las chicas, para lograr la inmersión y comprensión en los campos de la tecnología.
“Este programa, llamado TIC-as, ayuda a fortalecer la autoestima de las chicas y empoderar a sus acudientes”, destaca como beneficios Kemly Camacho, jefa de la cooperativa Sulá Batsú.
La iniciativa ha recibido el aval de Google.org, que en ocasión de la celebración del Día Internacional de la Mujer, le otorgó una donación de 400 mil dólares a Sulá Batsú para hacer extensivo el programa educativo que mejorará las habilidades digitales de niñas, adolescentes y mujeres, no solo en Costa Rica sino también en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Panamá.
Un total de 1.1 millones de dólares es destinado a becas por Google.org, el brazo filantrópico del gigante tecnológico con sede en California (EU), a la región, para iniciativas relacionadas con la educación en habilidades digitales, detalló su gerente general, Giovanni Stella.
Se proyecta que, en dos años, mil 800 niñas y 480 madres centroamericanas de bajos recursos deben haber tomado clases de informática del programa que mutará el nombre de TIC-as para hacerlo más cónsono con toda la región.
El paso de información entre damas es una estrategia que convierte a la joven tutora (guía) en un ejemplo a seguir por sus congéneres de menos edad. TIC-as cuenta con clubes de tecnología para niñas y madres, historias digitales (blogs) y un evento denominado “Hackaton”, en que las chicas proponen soluciones digitales a problemas comunitarios. Camaño explicó que entablará conversaciones con quienes pudieran ser aliados de la iniciativa en el istmo, como la Universidad de Panamá y Explora, para llevar a cabo la adaptación del proyecto para beneficio de niñas, adolescentes y mujeres panameñas.

