Al hablar de investigación social, el responsable del Laboratorio Marino de Isla Galeta de Smithsonian evoca sus primeras experiencias, cuando recorrió el Caribe colombiano hasta llegar al de Panamá.
Un Stanley Heckadon, recién graduado de antropólogo en la Universidad de los Andes, encontró trabajo gracias a esa experiencia antropológica y por años se dedicó al estudio de las poblaciones indígenas.
En ese entonces, como ahora, la investigación social no era algo sencillo, dice.
“Es difícil para todos, tanto para los de aquí como para los de afuera. Para los que llegamos después de haber estudiado afuera en la década de 1970, fue difícil porque la empresa privada no daba trabajo a antropólogos, las universidades daban horas, pero no había escuelas de antropología o sociología”, recuerda.
Ese tipo de investigación que hace referencia a la sociedad como objeto de estudio es necesaria, no solo para entender la esencia de la población, sino también por su utilidad práctica, según los investigadores.
“La investigación intenta descifrar, describir, caracterizar las dinámicas, las tendencias que en esa sociedad se realizan y se desarrollan los conflictos. Hay dosis de anticipación también”, comenta el investigador, por su lado, Enoch Adames, del capítulo de Panamá de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
De acuerdo con Adames, estos conocimientos son fundamentales al momento de elaborar políticas públicas; sin embargo, no son valorados lo suficiente.
Por su parte, el antropólogo Kevin Sánchez considera que entre las dificultades en cuanto a la investigación en Panamá están la falta de interés y los limitados recursos económicos destinados para estos proyectos.

