Cuando las conferencias vía telefónica se tornan aburridas, Brent Robertson sabe que tiene alguien que le puede arrancar una sonrisa: Gus, un perro asiduo visitante de su oficina.
El golden retriever frecuenta las oficinas de Fathom, la empresa consultora para la que trabaja Robertson en West Hartford, Connecticut. También lo hacen Pookie y Ari, los perros de dos compañeros de trabajo de Robertson.
Muchas empresas con una cultura laboral relajada están permitiendo que sus empleados lleven a sus mascotas a la oficina. Robertson es un empresario que piensa que la presencia de animales levanta la moral, mejora el ambiente laboral y aumenta la productividad.
“Todos sonríen y se ven más felices” cuando ven a un perro, afirmó Barbara Goldberg, directora general de O’Connell & Goldbert, firma de relaciones públicas de Hollywood, Florida.
Su bulldog Rosie es una habitual. Un estudio de la Sociedad para la Administración de los Recursos Humanos dice que el 7% de las empresas estadounidenses permiten la presencia de mascotas en sus oficinas, aunque ese dato no refleja la situación de comercios que no tienen departamentos de recursos humanos.

