Panameño en la FIL de Guadalajara

El escritor Carlos Wynter representó a Panamá en la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Panameño en la FIL de Guadalajara
Dorelia Barahona (Costa Rica), Vanessa Núñez Handal (El Salvador), y Carlos Wynter (Panamá) posan en la antesala de una ponencia en la FIL. CORTESÍA

El panameño Carlos Wynter estuvo la semana pasada llevando la literatura nacional a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que se llevó a cabo del 28 de noviembre al 6 de diciembre.

En esta ocasión, Wynter fue el único escritor panameño invitado a la vigésimo novena edición del encuentro literario en donde, a través de algunas de sus actividades promocionó Las impuras, su libro más reciente.

Durante la FIL, Wynter participó el 2 de diciembre de la mesa redonda “Nombrar a Centroamérica”, que trató literatura centroamericana. Al día siguiente visitó la Preparatoria Regional de Zapotilic, donde compartió con sus estudiantes en el marco del programa Ecos de la FIL. Luego, el 4 de diciembre se presentó en la mesa “Latinoamérica Viva”.

Wynter es autor de ocho libros de cuento y tres novelas. Las novelas son una trilogía: Nostalgia de escuchar tu risa loca, Las impuras y Ojos para ver una invasión.

¿Es la primera vez que asiste a la FIL de Guadalajara?

No, es la tercera vez que soy invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La primera fue en ocasión de su 25 aniversario, cuando fui elegido como uno de los 25 secretos literarios de América Latina, en 2011.

¿Qué representa para usted la oportunidad de participar de la FIL?

La FIL de Guadalajara es una fiesta de libreros, autores, editores y, lo más importante, lectores. Para mí, como escritor, es la oportunidad de encontrarme con todos ellos y compartir la pasión de la literatura.

¿Cuál es la idea central de ‘Las impuras’ y qué mensaje busca enviar a su lector?

Las impuras puede verse como el hilo conductor de un siglo XX panameño, pero está enmarcada en una ficción: dos mujeres que no se conocen, una ha perdido la memoria y la otra tiene el reto de “inventarle” una vida. Comienzan a andar por la década del treinta, la del cuarenta, cincuenta, sesenta. Aparece otro personaje, una ciega que ve más que ellas dos. Y es entonces que la segunda, la que ha inventado la historia de la desmemoriada, confiesa quién es: vivió el mandato de Noriega y los días de la invasión; fue una espía. Como ejercicio personal, Las impuras me ayudó a reorganizar las razones por las que, desde mi perspectiva, los panameños aprendimos a ser como somos. Es un esfuerzo para recordar y tomar conciencia.

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