Pensando el futuro. Un futuro que está a la vuelta de la esquina. A 12 años. Es tiempo breve para una nación.
Con ilusión, elaboramos en aquellos foros postinvasión –Bambito y Coronado- líneas de acción, que denominamos Visión 20-20. Un día fallecieron por inanición. Y llegó el día, sin que salgamos del presentismo alienante en el que vivimos. Celebro el plan para la conmemoración en el 19 de los 500 años de la fundación de la Leal Ciudad de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá. Seremos entonces la Ciudad Iberoamericana de la Cultura, relevante.
Hoy aparece el Plan 2030, no 20-30, sino dos mil treinta, como me asegura se denomina la iniciativa su coordinador, Alexis Rodríguez Mojica, quien la ha elaborado como documento de discusión para el Consejo de la Concertación Nacional, mesa en la que intervienen tirios y troyanos, perros y gatos, pero no búfalos, que también pululan en estos pagos.
CONDICIÓN HUMANA
La concertación no está desconcertada, y está comprometida con pensar el futuro, una gran interrogante, y patrocinar líneas de acción en políticas sociales que contribuyan a mejorar la condición humana existente, y hacerla más sostenible. ¿O sustentable?
Ese plan no desestima empoderar la justicia, pero no la selectiva, sino una que sea igual para todos, y que el país no deje perder la probidad con la que construyeron la república nuestros padres hace casi 120 años. Y que quienes manejan la cosa pública rindan cuentas, pero no maquilladas.
Gran flagelo en nuestra nación es la corrupción. Nos pasamos de tumbo en tumbo, y hoy se nos olvida que no la inventó el Capo di Tutti Capi.
No olvidemos que se sirvió con el cucharón grande, predador sofisticado, pero que pone a palidecer a los latrocidas actuales y a los de los tiempos del régimen militar.
No solo el latrocinio, sino triquiñuelas millonarias y juegavivo que originadas en el patio permean la comunidad internacional, a la que queremos que nos mire con ojos de piedad, si bien se extiende la idea de que en esta ese acostada están dominando las almas nada en pena de Morgan, Drake y Balboa, con su Leoncico.
CRECIMIENTO
En ese plan “dos mil treinta” se pondera la necesidad de un crecimiento consistente.
Con menos del 4% no vamos a misa, sin embargo, en el último decenio hemos obtenido cifras envidiables –es un decir porque nadie nos envidia allá afuera-.
Cifras que no se han trasladado para cambiar el sistema de injusticia imperante, uno de los más lamentables de América Latina. Estamos en un odioso ranking de inequidad, junto con Colombia, Guatemala, Brasil y Honduras.
En desarrollo humano y en ingreso per cápita, en promedio, encabezamos en Centroamérica. Superamos a Costa Rica.
Un millón de compatriotas, casi el 25% de la población, vive en condiciones como las de las zonas más deprimidas de Haití.
Ese crecimiento, si es sostenido y sustentable, debe abrir oportunidades, en especial para los sectores vulnerables, y logros educativo volcados para conseguir esos objetivos y empleos decentes, indica el borrador. Los hay indecentes.
Cuando hay empleo pleno, porque la no formalidad roza el 40%, alarmante cifra, si bien esa situación muchas veces está al frente de compatriotas altamente emprendedores, que no consiguen una guía que los lleve por mejores senderos.
Hay un compromiso nacional e internacional para mitigar el cambio climático, que la nueva política nativista estadounidense considera un invento, y en el cual no podemos hacer mucho.
Somos más víctimas que victimarios, si comparamos el origen de las emisiones de dióxido de carbono. Víctimas con la mayor exposición a desastres naturales y la elevación del agua marina en las regiones costeras e isleñas. Guna Yala es una triste advertencia.
