Sustantivo femenino. En relación al género gramatical, los cables de algunas personas están cruzados. Sobre todo cuando se trata de sustantivos femeninos, a los que, con tirabuzón, les introducen modificadores en masculino. El fenómeno anómalo es común con el sustantivo femenino ‘persona’. En un canal televisivo internacional desgranan detalles sobre el hundimiento del Titanic. Afirman que muchos pasajeros, al caer a las heladas aguas del océano Atlántico, murieron congelados. Precisa: “Las personas no murieron ahogados”. Rechifla global. ‘Ahogados’ modifica a ‘personas’, que es sustantivo femenino y está en plural. Si en nuestros canales llueve, en otros pagos no escampa. El adjetivo ‘ahogados’ corresponde a ‘personas’, y debe tener su género y número. Lo correcto: ‘Las personas no murieron ahogadas’.
Persona. Femenino. Individuo de la especie humana. Se usa para referirse a alguien al que se omite o ignora el nombre. En nuestra lengua la adoptamos del latín ‘persona’, que es una máscara de actor o personaje teatral. El latín la adoptó del etrusco, que la había incorporado del griego.
Haber. Enemistad con el verbo “haber”. Es impersonal y solo se conjuga en tercera personal singular. No existe plural. Cuando este verbo está soltero. Si complementa otro verbo, entonces dominan las cualidades del auxiliado. Ese verbo “haber” lo estropean a cada rato. La tele es la protagonista.
Si nuestra escuela enseñara a lidiar con él, tendríamos más pericia idiomática. Para arriba y para abajo, es común escuchar de bocas poderosas “han habido” hasta demonios cuando es inexistente esa expresión. Lo correcto: “ha habido” demonios; “ha habido” relámpagos; “ha habido escándalos”. En singular la forma verbal compuesta.
Afirman: “habían más de cien agentes”, “habían personas que estaban en la lista”, “han productos no vencidos”, “en la escuela no habían docentes”. En todas estas frases, la opción es “había”, singular. “Hubieron tres accidentes”, “hubieron padres de familia”. En estas frases, lo correcto es “hubo”.
Síndrome “lo que”. El zika gramatical inunda nuestras costas. Todos llegan a las cámaras y los micrófonos a contagiar al país de “lo que”: lo que fue, lo que es, lo que será. El síndrome puede hasta borrar entes físicos del mapa, y no se diga espirituales. Escuché: “Se llevaron los heridos en lo que es la ambulancia”. Deshizo la ambulancia y la descuadernó. Lo correcto: “Se llevaron los heridos en la ambulancia”.
Si el país mantiene esta austeridad léxica, en unos años podemos todos estar hablando a base de gestos.
Rabiblanco. Vocablo local clasista y peyorativo. Difícil saber dónde empiezan y terminan las cualidades de alguien así etiquetado. Es flexible la frontera entre un rabiblanco y quien no lo es (o rabiprieto, por contraste). Es el adinerado. ¿Y dónde queda quien solo lo aparenta? ‘Rabiblanco’ es palabra compuesta de ‘rabo’ y ‘blanco’. Pudo haber sido formada por ‘cola’ y ‘blanco’: coliblanco. ‘Cola’ es sinónimo de ‘rabo’. Es la extremidad de la columna vertebral de algunos animales. Es trasero en varios países, y, en lenguaje coloquial, también es el pene. ‘Rabiblanco’ tiene su verbo correspondiente: ‘rabiblanquearse’. Un proceso de metamorfosis. Es un deporte que puede llegar a ser rama olímpica: tú te rabiblanqueas/él-ella se rabiblanquea/ellos se rabiblanquean.
Con base. Esta locución conjuntiva se trueca por una incorrecta, preposicional, ‘en base’, calcada del inglés.
(Esta interpretación se desarrolló con base a esos argumentos).
