Arturo Wong Sagel había estado escribiendo 30 versos hace dos años como un “trabajo íntimo”. Para el Ricardo Miró postuló su poemario compilatorio Fragmento de un espejo y su obra teatral Implicados, que a falta de presupuesto no había podido llevar al escenario. Ambas propuestas arrasaron entre un grupo de 87 oponentes en total.
Con la obra Implicados, Wong Sagel pone en escena a dos personajes que encarnan a los custodios de una cárcel. El tema se desprende del terrible suceso reportado en 2011, en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, en donde fallecieron calcinados cinco menores de edad dentro de sus celdas. “Los custodios (actores) irán desmenuzando los hechos del siniestro y esclareciendo los hechos, aunque la trama zigzaguea entre el drama y el humor negro”, adelanta el dramaturgo.
“A mí me impactó esa noticia en 2011 y decidí hacerme un guion para teatro”, relata el director que promete estrenar, a mediano plazo, su obra Implicados, con el impulso del galardón obtenido.
El jurado felicitó al ganador y al resto de los concursantes por poner en perspectiva temas de la realidad nacional en los argumentos del teatro actual. “El texto no solo es referencial a individualidades, sino que delata aspectos del contexto social, relacionados a la corrupción, el abuso del poder y los intereses financieros”, dictaminó el fallo de los jurados expertos.
BASE CIENTÍFICA
Francisco Díaz Montilla, catedrático y abogado, se concentró en su ensayo Neurofilosofía, epistemología y el mito del alma en echar por tierra la existencia del alma, citando argumentos de estudios de neurociencias.
“El alma humana, como la entendemos actualmente, es un mito. Es decir, no habría razones para postular la existencia del alma para explicar, por ejemplo: el conocimiento, la voluntad, la intencionalidad, características atribuidas habitualmente al alma”, plantea el docente universitario de 46 años.
El jurado tildó al ensayo de Díaz Montilla de “seductor objetivo”, por intentar con argumentación rigurosa “mostrar el carácter mítico de la célebre noción del alma”.

ELEMENTO DE FICCIÓN
El escritor Rogelio Guerra Ávila tiene tanto que agradecer al embotellamiento vehicular citadino. Ha sido el tiempo transcurrido en ese movimiento reiterativo de la oficina a su hogar, propicio para planificar su novela fantástica, ganadora en la selección novela del concurso Miró.
“Estoy convencido de que nuestro mundo vas más allá de lo real y de lo tangible”, asegura Guerra Ávila, autor de la obra La puerta de arriba, quien desde 2002 había dejado de lado el oficio de escritor.
El texto conlleva una historia de suspenso centrada en “dos mundos totalmente separados en el tiempo, pero unidos a través de una puerta traída desde España a inicios del siglo XIX”, cuenta su creador.
“La trama de esta historia se desarrolla asumiendo la existencia de mundos paralelos, a los cuales algunos pocos tienen acceso a través de portales que permiten hacer viajes temporales del presente al futuro o viceversa”, relata el narrador de 53 años.
El jurado consideró a esta obra como un “aporte a la literatura fantástica panameña”. Guerra Ávila dijo sentirse “contento” con el hecho de la percepción del elemento fantástico”, que tanto había aspirado concretar con su propuesta literaria.
SUEÑOS DE NARRADORES
Con los relatos de Vértigo de malabares, Giovanna Benedetti se impuso por encima de 41 competidores en el género cuento. El jurado valoró la obra por su “economía verbal, prosa poética y desenlaces sorprendentes”. Desde Madrid, donde reside Benedetti, la también abogada, cuentista y poeta, agradeció por las felicitaciones que le han llegado en su red social de Facebook.
