Platino, símbolo de la unidad

Cada presentador, cantante y ganador de la ceremonia del premio Platino, que se entregó por primera vez y tuvo como escenario el Teatro Anayansi de Atlapa, hablaba de un cine iberoamericano creativo y arriesgado, no siempre rebosante de grandes presupuestos, vaya, un sector que debería estar unido como si de una gran y única industria se tratara.

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El Platino buscó el equilibrio

Uno de los grandes escollos del séptimo arte hecho en Iberoamérica es la escasa distribución que recibe entre los países que la conforman, lo que trae un desconocimiento, completo o parcial, de la producción de nuestro propio cine; los Platino buscan eso, que los largometrajes salgan a la luz en una veintena de países de habla española y portuguesa, que el público pueda reconocer a nuestros actores, guionistas y directores con la facilidad que lo hace con los artistas de Hollywood.

Por ejemplo, la chilena Gloria, que triunfó el pasado sábado al llevarse tres Platino: Película, Guión y Actriz, no ha podido llegar a las salas comerciales de todos los países de América Latina (incluyendo este istmo), a pesar de haber obtenido una docena de distinciones y haber visitado una treintena de festivales.

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