Una propuesta del programa gubernamental de asistencia médica para los ancianos para experimentar nuevas formas de pagar por la quimioterapia y medicamentos que se administran en los consultorios de los médicos desató una batalla furiosa.
Los oncólogos están exigiendo que el gobierno federal ponga fin al experimento de Medicare. La reacción vehemente planteó dudas sobre la capacidad del gobierno para hacer frente a los altos costos de los medicamentos, que es la máxima preocupación de la gente sobre la atención médica.
En el centro del debate están algunos de los fármacos más caros para el tratamiento de enfermedades capaces de amenazar la vida. La cuestión no es si esos medicamentos tienen precios razonables, sino si la política actual de pagos de Medicare alienta a los médicos a recetar las medicinas más costosas para que ellos puedan ganar más dinero.
También se ven afectados los fármacos administrados o inyectados para males como degeneración macular, artritis reumatoide y enfermedad de Crohn. Actualmente el Medicare paga a los médicos y clínicas externas el precio promedio de venta de un medicamento, además de una prima de 6%, que se ha visto algo reducida por los recortes presupuestarios federales. El 6% de un fármaco de 15 mil dólares representa más ganancias que el 6% de un fármaco que cuesta 3 mil dólares, pero ¿eso influye en las decisiones de los médicos, so pena de elevar los costos para el gobierno, así como para Medicare? Los funcionarios de Medicare parecen creer que sí. La nueva fórmula anunciada el mes pasado combina una prima de 2.5% con una tarifa fija por cada día que se administra el medicamento. El experimento podría convertirse en una política permanente si reduce los costos pero manteniendo la calidad.

