Riquezas marinas de Colón

La zona marina costera de Colón es importante para la industria en torno al Canal, pero también es rica en biodiversidad, la cual se ve impactada por las actividades humanas.

Riquezas marinas de Colón
Los estudiantes miden la temperatura del agua, humedad y temperatura del aire, corrientes, viento y una muestra de agua.

Partimos temprano hacia la provincia de Colón, en el Caribe panameño. En el centro regional de la Universidad de Panamá, un grupo de estudiantes de la materia Ecosistemas Marinos, de la profesora Gloria Batista de Vega, esperaba el bus que los llevaría a un muelle para tomar un bote y recorrer varios puntos desde donde se aprecian los barcos en la entrada del Canal, las termoeléctricas, las instalaciones de la antigua cementera y de la refinería de Panamá, en contraste con los manglares. Desde el bote observamos algunas aves, pastos marinos y estrellas de mar de color naranja, así como algunos cultivos de macroalgas.

La profesora Batista de Vega explica que esta zona está dentro de la formación geológica Gatún, donde se ha encontrado evidencia de fósiles de unos 12 millones de años, entre ellos, gastrópodos, bivalvos y cefalópodos. “El surgimiento del istmo de Panamá cambió el planeta cuando dividió los océanos, los cuales tienen características diferentes en cuanto a temperaturas, especies, etc.”.

Describe que esta zona es única en el mundo porque se han estudiado sus parámetros ambientales desde hace más de 100 años. Hay datos del siglo XIX, cuando vinieron a Panamá las compañías del ferrocarril y del Canal. Con el tiempo, se ha ido perfeccionando la información con nuevas técnicas. Esto es importante para entender los cambios climáticos. Más aun si se toma en cuenta la riqueza natural, y que las áreas en la entrada del Canal de Panamá son de gran interés para el desarrollo de puertos.

TRABAJO DE CAMPO

El bote se detiene en una zona de poca profundidad conocida como Largo Remo, donde se ven las estrellas de mar contrastando entre las algas del fondo. Cuatro estudiantes se bajan y se colocan separados formando un cuadrado. Toman mediciones del área y una chica se ubica en el centro para recolectar una muestra de agua. Usando una bandera y una fórmula especial, toman datos de la dirección y velocidad del viento, y con unos termómetros especiales, la temperatura del aire y del agua. También deben tomar nota de lo que observan para hacer un informe.

El segundo sitio de muestreo es frente a las termoeléctricas. Hay humo que sale de sus chimeneas. Después, intentamos entrar por unos manglares, pero no fue posible por las raíces. Algunos árboles tienen las raíces muy expuestas. Tras dar la vuelta, se escoge otro punto con una profundidad de 1.75 m y donde se percibe una corriente en el agua.

La docente narra que la idea es que estos estudiantes, que viven en Colón, conozcan la riqueza marina, y cómo los cambios climáticos y las actividades industriales propias de la zona impactan en los animales y plantas. Añade que hay datos que muestran que algunas partes de la ciudad de Colón están por debajo del nivel del mar, por lo que son susceptibles de inundaciones.

Durante la presencia militar estadounidense en Panamá, esta zona fue parte de los territorios que se mantenían bien conservados por ser áreas de defensa. El objetivo no era la conservación biológica, sino mantener las áreas intactas como una barrera natural contra posibles ataques. En esa época se llevaban mediciones del nivel del mar.

Después de la reversión del Canal a Panamá, la comunidad colonense se había organizado en grupos de conservación y en la isla Margarita, cerca de Galeta, para ejecutar programas de protección de estas áreas. Pero la isla de Margarita fue vendida, cuenta la docente.

“Es evidente que estamos sufriendo localmente un cambio climático en la zona costera. En el año 2000, un instituto de investigación de Alemania trajo una boya y se tomaron datos de la temperatura y el oleaje durante 10 años”. Debido a los impactos en la última década, estamos viendo los cambios de temperatura, especialmente en bahía Las Minas, donde desde hace muchos años se bota agua caliente al mar, agrega Batista de Vega.

La profesora ha impulsado el desarrollo de sistemas de maricultura, aprovechando la variedad de macroalgas marinas caribeñas. Algunas tienen compuestos químicos que son útiles como aditivos en alimentos, para elaborar medicinas, productos de belleza y hasta biocombustibles.

Ha trabajado con algas marinas en Galeta, en colaboración con el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, y con la empresa Gracilarias de Panamá, S.A.

Debido al calentamiento del agua, señala, ha tenido que retirar los cultivos en cuatro polígonos en el mar, cerca de los sitios que recorremos.

“Pero tenemos más algas silvestres de gran importancia comercial y están en peligro”. Además, el calentamiento puede afectar también la fauna y flora del área de manglares.

“Hemos monitoreado esta área desde el año 2000 con una agencia alemana. Las granjas marinas son zonas amortiguadoras que permiten dar alimento a la población y que puedan vender su producto”.

Un grupo del Instituto Smithsonian en Washington vino a Colón el año pasado y durante unos 15 días midió las temperaturas del área desde Colón hasta isla Naranjos y en noviembre, aumentaban hasta 42°C. Por estos días, dependiendo del punto específico donde se mida, el agua puede estar entre 25°C y hasta 40°C.

Existe una ceguera en las áreas industriales, señala la profesora Batista, y como las comunidades no se ven afectadas, al menos no directamente como en una inundación, no se le presta atención al calentamiento del mar.

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