“Cuando me casé, llegaron cuatro máquinas de coser junto con mi esposo”, bromea Rosita Missoni.
Sesenta y tres años después, recuerda con todo lujo de detalles el comienzo de la aventura de la conocida firma italiana.
A sus 84 años, Rosita es tan dinámica y coqueta como en su juventud. Lleva pendientes y sortija con damero y el cabello corto, completamente blanco, con una fina trenza que baja por la nuca anudada con una tela “Missoni”.
Tenía tan solo 16 años cuando se cruzó en su camino Ottavio Missoni. Fue en Londres, donde ella se encontraba de viaje de estudios y él, 10 años mayor, participaba en los Juegos Olímpicos, en la disciplina de los 400 metros vallas.
Esta hija de fabricantes de chales del norte de Italia ya había alzado el vuelo profesionalmente. Junto con un amigo, apodado “Tai”, había logrado cierto éxito con “la confección de ropa deportiva de punto”, con “lana del color nacional de Italia, un azul chillón”, con la que hacía “prendas con cremallera”, cuenta Rosita.
La idea de ponerse pantalón sin necesidad de sacarse las zapatillas deportivas sedujo a varias federaciones italianas, como la de atletismo, que la adoptó para los Juegos Olímpicos de Londres en 1948.
Rosita y Ottavio se casaron en 1953. En el sótano de la vivienda de Gallarate (norte) “estaba nuestro laboratorio de hacer punto”. “Seguimos confeccionando ropa de deporte y, poco a poco, jerséis”.

