Más que una congregación de madres amamantando parecía una afirmación de libertad. Cientos de mujeres se juntaron en Buenos Aires para una “tetada masiva”, una curiosa manifestación en repudio al caso de una madre que fue expulsada por “amamantar a su hijo en público” la semana pasada.
Una tarde de pleno sol del invierno austral acompañó a las 500 personas que se solidarizaron con Constanza Santos, la mujer sacada por dos policías de una plaza de San Isidro, en el norte de la capital, por dar de mamar a su bebé de nueve meses.
Con pancartas y sosteniendo a sus pequeños, las mujeres se fueron acomodando para manifestarse por el derecho a la lactancia, algo que pudieron hacer como lo más normal del mundo, pero que en los últimos días encendió las alarmas con respecto al abuso de autoridad de las fuerzas policiales.
En varias plazas de Argentina se repitió la misma escena: ellas amamantaron a sus hijos y su alimento fue una declaración política contundente.
“No a la represión, la lactancia no se discute” o “Mis derechos son mis tetas y no quieren tu opinión” fueron algunos de los gritos de guerra de la cita en la Plaza del Mástil, en San Isidro, donde ocurrió el hecho que desencadenó todo.
La manifestación se replicó en el Obelisco -centro neurálgico de Buenos Aires-, en ciudades como Mar del Plata, Tucumán o Neuquén.
“Esto es una toque de atención a las autoridades, pero a la vez es un llamado a la esperanza, un canto a la vida”, afirmó Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz de 1980 y reconocido activista por los derechos humanos en el continente americano.

