Toda una tendencia audiovisual

Las reposiciones cinematográficas se han vuelto una moneda corriente en Hollywood, en especial para la compañía estadounidense de Walt Disney.

Toda una tendencia audiovisual
Al principio, Disney usó de forma comedida la carta de los ‘remakes’, y a medida que crecía el apoyo del público, puso su maquinaria a funcionar a todo vapor.

Los primeros pasos de la reposición de clásicos de Disney comenzó en 1994 con el estreno de Rudyard Kipling’s The Jungle Book, de Stephen Sommers, basado en la emblemática producción animada de 1967.

Aunque este filme es bastante menor comparado con el original, Disney aprobó el examen después con El libro de la selva (2016), de Jon Favreau, en la que se respeta la historia de Kipling y saluda con estima a la cinta firmada por Wolfgang Reitherman.

Para 1996, el filón sube un centímetro con 101 Dalmatians, de Stephen Herek, aunque no iguala ese encanto que es 101 dálmatas (1961), de Wolfgang Reitherman y Clyde Geronimi.

Entre otras, Herek tiene a su favor la estupenda interpretación de Glenn Close como Cruella de Vil, sin menospreciar rubros como maquillaje y peinados, y vaya, además de la ternura de tantos cachorros juntos.

En 2000 aparece una comedia aún menos graciosa, 102 Dalmatians, de Kevin Lima.

El primer maestro del cine que se deja convencer para hacer esta clase de remakes es Tim Burton con Alicia en el país de las maravillas (2010), producción que además de quedarse con dos premios Óscar (categorías de dirección artística y vestuario), fue todo un suceso de taquilla con mil 25 millones de dólares.

Ese mismo 2000 aparece un bostezo de 109 minutos titulado The Sorcerer’s Apprentice, versión libre de uno de los episodios de la sicodélica Fantasía (1940, directores varios), firmada por un torpe Jon Turteltaub, un naufragio que no pudieron salvar intérpretes como Nicolas Cage y Alfred Molina.

Después Robert Stromberg toma las riendas de una especie de spin-off, Maleficent (2014), en la que se nos explica quién era esa hermosa hada de alas negras que un día desafío a todo un reino en La bella durmiente (1959), de Clyde Geronimi.

Una convincente encarnación de Angelina Jolie como la triste Maléfica, más una nominación al Óscar al mejor vestuario, y 758.5 millones de dólares en la venta de boletos en el globo terráqueo, convirtió a Maléfica en la segunda sonrisa plena de Disney en este renglón.

Mientras Cenicienta (2015) mantiene el aire señorial de la historia de niña rica que pasa a pobre para luego recuperar su estirpe. A pesar de tan simple trama, el respetado Kenneth Branagh sacó esplendor de donde no había. Una nominación al Óscar (vestuario) y rentabilidad (95 millones de dólares de inversión y 543.5 millones de dólares en venta de tiquetes) hicieron el resto.

En tanto, lo que le falta de inspiración a James Bobin como director de Alicia a través del espejo (2016), le sobra de ingenio, libertad y hermosura a El libro de la selva, de Jon Favreau.

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