Con su esplendor marchito pero cargado de historia, transportó a Marilyn Monroe, a Coco Chanel, a Marlon Brando y a cuatro presidentes estadounidenses.
Pero, desde hace años, el transatlántico United States languidece en un muelle y sus admiradores luchan para que no acabe en el desguace. El tiempo apremia.
No hay suficiente dinero para salvar a este inmenso transatlántico estadounidense amarrado en el río Delaware en Filadelfia, frente a una tienda de Ikea.
Su pintura descascarada, sus enormes chimeneas descoloridas por el sol, sus cadenas oxidadas y su silencioso interior están vacíos desde hace tiempo.
En su viaje inaugural el 3 de julio de 1952, el buque de 301 metros de largo batió el récord de travesía en el Atlántico para un transatlántico: tres días, 10 horas y 40 minutos. Aún mantiene esta marca.
Maravilla de la elegancia y la tecnología, fue concebido para que pudiera transformarse rápidamente, de ser necesario, en una nave para transportar tropas. Y su diseño, en gran parte financiado por el Gobierno estadounidense, estuvo rodeado de gran secreto.
Un millón de viajeros, celebridades de Hollywood, políticos, industriales e inmigrantes hicieron el viaje entre Estados Unidos y Europa. A bordo había tres orquestas, un salón de baile, dos cines y 20 ascensores.
El 11 de noviembre de 1969, tras 400 viajes, el United States, que podía transportar 2 mil pasajeros y mil tripulantes, fue puesto fuera de servicio. Fue comprado en varias ocasiones con sucesivas ideas (casino, buque de crucero, barco de hospital), pero ninguna se concretó. En 1984 sus muebles y lo que quedaba de su interior fue vendido en subasta.
Finalmente fue comprado en 2011 por la agrupación sin fines de lucro SS United States Conservancy.

