Con sus apacibles canales rodeados de espesa vegetación, por los que se deslizan coloridas trajineras al son de música mariachi, Xochimilco, un turístico barrio del sur de la ciudad de México, es amenazado por la mancha urbana de la megalópolis que avanza sobre sus idílicos rincones de origen prehispánico.
Con sus 10 mil 500 hectáreas protegidas y clasificadas Patrimonio Mundial por la Unesco, Xochimilco es visitado cada año por un millón de turistas, pero poco a poco está siendo devorado por la creciente urbanización, pese al esfuerzo de algunos activistas.
Víctor Cruz, miembro de la organización Techo México, aseguró que, como en muchas partes de América Latina, es común que terrenos mexicanos sean vendidos ilegalmente por personas que se los apropiaron.
En Xochimilco, vestigio de la antigua ciudad azteca de Tenochtitlán, cada mes nuevas construcciones rudimentarias vienen a sumarse a los cerca de 600 barrios irregulares que se asientan en este sector.
Y de ser improvisadas casuchas, poco a poco estas construcciones se van transformando en edificaciones bien establecidas que incluso gozan de servicios como la energía eléctrica.
En 2009 había unas 17 mil 500 viviendas ilegales, según la secretaría de Medio Ambiente local.
Lejos de la zona turística, en las faldas de las montañas que rodean la megalópolis, una parcela de una hectárea que los agricultores locales dejaron de cultivar temporalmente, fue invadida por asentamientos irregulares en 2010.
Seis años después, la madera y el cartón que sostenían en pie estas casas cedieron el lugar al cemento, para dar forma incluso a un edificio de tres pisos.
Claudia Zenteno, quien vive al borde de la zona protegida desde 1995, es una de las más activas defensoras. En 2002, denunció a una familia de acaparar y después vender terrenos.

